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JOSÉ Mª SEGOVIA CABRERA

Correcta información aeronáutica

14/sep/08 07:21
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LA TRAGEDIA de Barajas ha venido a convulsionar el difícil y muy tecnificado mundo de la aviación. Ante la tragedia de tantas muertes inocentes es comprensible el dolor de los familiares, la necesidad de información veraz y sólo veraz con ausencia de cualquier especulación sobre supuestos de causas posibles, del todo comprensible en su enunciación por quienes sólo saben que han perdido uno o varios de sus seres queridos por causas ajenas a su propia voluntad y quieren que se les explique el porqué de todo ello, pero absolutamente inaceptables y hasta criminales en quienes con sus preguntas, suposiciones, sugerencias, entrevistas e insinuaciones no hacen sino aumentar el dolor, sembrar el desconcierto e incrementar la angustia de las personas dolorosamente afectas y con pérdidas irreparables.

Hemos asistido asombrados e indignados a un acoso incluso del jefe del Gobierno, Sr. Rodríguez, cuando prometió electoralmente e hiriendo el sentimiento de los familiares de las víctimas "llegar hasta las últimas consecuencias", como si se estuviese persiguiendo a un delincuente de ETA, que es a lo que, entre otras cosas, se debería dedicar. O una ministra de Fomento que al parecer sólo ahora se entera de que ha creado una Agencia Estatal de Seguridad Aérea, que no ha podido empezar a funcionar por falta de fondos, aunque sí se los han gastando en cuantía muy superior en el cheque de los 400 euros, por ejemplo. O una presidenta de la Comunidad de Madrid que se atreve a juzgar, a la vuelta de unas vacaciones suspendidas, que algo no hizo bien la compañía y hay que aclararlo. Y los periódicos se han agotado en buscar información de supuestos o reales técnicos que se han lanzado a opinar sobre lo divino y lo humano en aeronáutica, trasladando a su vez al papel impreso opiniones de personas tristemente afectadas que del incidente nada sabían ni podían saber, aduciendo opiniones arbitrarias y absurdas, conversaciones no sabemos si inventadas por unos u otros y consejos y advertencias sobre algo que desconocen y desconocerán siempre dada su complejidad.

Que esto pueda suceder en quienes tienen como primera premisa informar fielmente al lector es algo intolerable y bochornoso. Se nos empezó diciendo que había explotado el motor izquierdo e incluso hubo, al parecer, testigos locales que dicen haberlo visto. Se habla de subidas de hasta 70 metros de altura para caer luego, aunque los 70 se fueron reduciendo hasta aún no se sabe dónde. Luego ha resultado que los motores han sido recuperados intactos en esencia y no sufrieron fuego ni daño alguno. Se nos ha aturdido con supuestas o reales conversaciones con móviles de personas desde dentro del avión con familiares y amigos, donde se habla de "una luz roja que se enciende", se dice que hubo quienes pidieron bajarse del avión, como quien lo hace de un tranvía en marcha, y se emiten juicios de cuándo y cómo han de hacerse las revisiones, habiendo incluso un periódico que dijo que han de hacerse cada 500 km, en lo que insisten durante días, es decir, un par de revisiones diarias. Se pone en duda la profesionalidad de todos, pilotos, mecánicos, supervisores, por personas que ni saben siquiera lo que es un avión ni su elevadísima y sofisticada ingeniería.

Y empiezan a publicarse estadísticas de unos y otros donde, por el contrario, se nos cuenta que el avión MD 80 es de los más serios y seguros del mundo, que sí, que están siendo sustituidos por las compañías, pero no porque estén ya viejos e inservibles, sino porque tienen un consumo que en su día fue óptimo, pero que con el correr de los años y el aumento de los precios de los combustibles han venido a convertirse en aviones caros en cuanto a ese consumo. Y nos enteramos de los cientos de revisiones que se han hecho a la compañía accidentada sin encontrar defecto sensible alguno y nos informan también del escasísimo número de inspectores que tiene el Estado, ya que se trata de una profesión de alta especialización y elevado coste y en eso no está dispuesto el Gobierno a gastarse una perra a menos que entremos en período electoral.

Uno ha tenido la suerte de vivir en una familia con hondas raíces en la aeronáutica comercial, y aunque es un lego en estas materias, como en muchas otras, algo ha ido oyendo en estos últimos 50 años, aparte de subirse cada poco a un avión e ir con los oídos atentos y la vista alerta en los despegues y aterrizajes, mientras musita con no sé si demasiada fe unas oraciones. Y uno recuerda el primer avión que cogió en su vida para venir a Santa Cruz, un bimotor DC-3, cuando por aquí el amigo Luis Guil utilizaba un árbol próximo a la pista de Los Rodeos para poner en buen recaudo y sin problemas su trimotor Focker, que venía de Las Palmas en aquellos hasta frecuentes días de niebla espesa lagunera que tanto retraso y suspensiones de vuelos causaban por entonces. Como recuerda a su padre al pie de un avión de la LAPE que lo llevó de Sevilla a Madrid en una operación plena de osadía, allá por el año 34 ó 35.

Eran, sin duda, otros tiempos, en el que un recientemente creado Ministerio del Aire tenía una Subsecretaría de Aviación Civil en la que había de todo, menos funcionarios técnicos, que es algo que no se improvisa. Y que parece es la situación que aún permanece. La vigilancia oficial consistía, y me temo que sigue consistiendo en la inspección de las operaciones de vuelo y en la revisión obligada de los aviones cada cierto período de tiempo, operaciones ambas que no podía realizar el propio ministerio por carencia de unos técnicos y que sólo poseían las propias compañías de aviación, que debía ceder su mejor personal para las revisiones correspondientes, lo que se hacía dentro del máximo rigor profesional, que ignoro si se sigue manteniendo con esta proliferación de compañías de aviación que hoy día tenemos, regidas por un sentido más comercial que técnico, tolerado a su vez por una administración que autoriza, por ejemplo, la construcción del "mayor aeropuerto del mundo", es un decir, con un entorno tan deplorable que de haber sido el normal en otros lugares hubiese evitado seguramente que falleciese uno solo de los ocupantes del Sunbreeze de Spanair que un nefasto 19 de agosto no pudo ni iniciar su vuelo JKK 5022 a Las Palmas de Gran Canaria, segando la vida de 154 personas llenas de ilusión y esperanzas. Ahora nos dicen que no, que no fue cuestión de motores, ni de flaps, sino de "reversas", esos frenos aerodinámicos que nos permiten despegar y aterrizar miles de veces cada día. Ardua tarea tiene frente a sí el juez de esta causa, y los tiros parece que no van hacia unos honestos y honrados profesionales, sino hacia quienes en 50 años no han sabido ordenar su propia casa.

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