SE NOS ERIZAN los pelos y se nos abren las carnes cada vez que oímos hablar del Estatuto de Autonomía y de su reforma. Pensar que se vuelva a discutir este tema en el antro del Parlamento, y que sus "señorías" vuelvan a cobrar dietas por asistir a comisiones para hablar de lo mismo, nos produce una náusea superior a la expresada por el propio Sartre en su novela homónima. No debemos olvidar que los diputados y diputadas que se reúnen en esta ineficaz institución han traicionado asquerosamente a Tenerife con la perpetuación del gran para Canaria, el orden alfabético y el nuevo escudo. Y no sólo eso: también han cometido la mayor inmoralidad política de la historia del Archipiélago -tanto el PSOE como el PP y CC- al subirse los sueldos que pagan unos ciudadanos sobre los que pesa la mayor crisis de las últimas décadas. No podemos ni siquiera pensar sin retorcernos de repugnancia que estas señorías, con sus manos políticas embadurnadas de infamia, vuelvan a ocuparse del Estatuto. Sólo admitimos lo expresado por Paulino Rivero al hablar de Estatuto especial para Canarias. Deseamos que sea un Estatuto transitorio, mientras se realiza el traspaso de poderes a la nueva y soberana nación canaria.
Ya no es concebible que las Islas puedan seguir manejadas por godos políticos. Situación en la que tienen parte de culpa, por omisión, los diputados nacionalistas. ¿Cuál es el papel de doña Ana Oramas en Madrid? ¿Qué utilidad tiene su labor en el Parlamento al negociar con Zapatero o Solbes su apoyo a los presupuestos? ¿Qué le importa a Canarias todo eso? Nada. Lo mismo que le importa a Zapatero o Solbes el apoyo de la señora Oramas y su compañero Perestelo. Si votan a nuestro favor, bien; y si lo hacen en contra, lo mismo da. Los dos pierden el tiempo mientras no reclamen la soberanía para Canarias. Ambos ejercen un papel tan ridículo como superfluo, porque en Madrid no les hacen caso.
*** *** ***
Algunos no escarmientan, aunque tampoco nos sorprende a estas alturas su osadía; una cualidad que adorna a cualquier godo. Si fueran prudentes dos mequetrefes que revolotean en uno de los caballos de Troya canariones infiltrados en Tenerife, no abrirían la boca, habida cuenta que su panfleto apenas alcanza la difusión de una mala hoja parroquial, mientras EL DÍA es líder en el Archipiélago en cuanto a número de lectores. Uno de esos godos no sabe escribir. Aquí lo tuvimos de amanuense, aunque ni siquiera al dictado redactaba bien. El otro destaca por su pestilencia tanto física como moral, pues siempre ha sido reacio al aseo pero aficionado a la extorsión de políticos y empresarios. Ahora le han quitado la teta, y de ahí su enfado.
El caso es que ambos bellacos, incapaces de incrementar la difusión de su libelo con buenas artes y mejor ética, se dedican a denostar a José Rodríguez, editor y director de EL DÍA. Lo llaman tiparraco y tratan de echarlo en manos de la Justicia y de enemistarlo con el Ejército. Han dicho que no pararán hasta verlo encarcelado. Miserables. No lo van a conseguir. "Incumbit probatio qui dixit, non qui negat". Lo dicho: hasta la vista.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.