París, EFE El papa Benedicto XVI llegó al Elíseo para reunirse con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en el primer acto de la visita que inició hoy a Francia.
A su llegada al Palacio presidencial antes de las 12.30 locales (10.30 GMT), el Papa fue recibido por Sarkozy, que en un gesto no previsto por el protocolo había acudido hora y media antes al aeropuerto de Orly, acompañado por su esposa, Carla, de origen italiano, para darle la bienvenida.
Mientras la Guardia Republicana interpretaba una pieza en el patio del Elíseo, Sarkozy y el Papa intercambiaron un apretón de manos, en la alfombra roja, ante las cámaras.
Flanqueado por el presidente, el Santo Padre hizo un saludo desde lo alto de la escalera del Palacio presidencial.
Esta primera visita a Francia, de cuatro días, llevará al Sumo Pontífice mañana al santuario mariano de Lourdes (suroeste francés), que conmemora el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous.
Sarkozy y el Papa, al que visitó en el Vaticano el pasado diciembre, mantienen un encuentro a solas en el Elíseo, previo a una recepción a la que han sido invitados los miembros del Gobierno y varios centenares de personalidades del ámbito político, religioso y económico, entre otros.
El jefe de Estado francés y el Papa pronunciarán sendos discursos en esta ocasión, en la que se prevé que el laicismo ocupe un lugar importante.
En Roma el pasado diciembre, Sarkozy, presidente de una República laica que se rige desde 1905 por la ley de separación del Estado y la iglesia, había preconizado una "laicidad positiva", es decir, que "no considera las religiones como un peligro sino como una baza".
Una postura que fue vista con buenos ojos por el Vaticano pero que suscitó fuertes críticas en los sectores en Francia muy apegados a la separación entre el Estado y la iglesia.
Se prevé que en su discurso Sarkozy defienda su concepción de la "laicidad positiva", pero sin polemizar, y recalque el papel de las religiones en la sociedad.
En el avión que le llevaba a Francia, Benedicto XVI dijo a la prensa que "la laicidad en sí misma no es contradictoria con la fe, sino que la fe es fruto de una laicidad sana".
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