EFE, Barcelona
La mayoría de los partidos catalanes alertaron ayer de las consecuencias que puede tener para Cataluña y España un mal acuerdo en materia de financiación autonómica, una advertencia que realizaron sus dirigentes tras la tradicional ofrenda al monumento a Rafael Casanova con motivo de la Diada.
Como ocurre cada año, el Gobierno catalán y los dirigentes de los partidos catalanes fueron silbados y abucheados por cerca de 200 manifestantes, aunque con menos fuerza que otros años y con la novedad de que, en muchos momentos, se podían escuchar más las consignas de grupos antitaurinos que las de los clásicos manifestantes de ideología independentista radical.
Los dirigentes del PP catalán, que por segundo año consecutivo se incorporan a la ofrenda ante un monumento del que cuelga una bandera independentista, fueron muy silbados y recibidos con insultos, aunque el grado de rechazo fue aún mayor cuando apareció la comitiva del PSC, que respondió a las descalificaciones con el cántico "¡Visca, visca, visca, Catalunya socialista!". En la entrega floral de la Generalitat, el conseller de Economía, el socialista Antoni Castells, sorprendió con un contundente "¡Visca Catalunya!".
Pero al margen de la liturgia de primera hora de la Diada, los dirigentes catalanes centraron sus declaraciones en la negociación de la financiación autonómica y en el discurso del miércoles del presidente catalán, en el que Montilla expresó su voluntad de ser "flexible" en una negociación de la que espera obtener el mejor acuerdo posible, en un momento difícil debido a la crisis económica.
El presidente de CiU, Artur Mas, prometió que su formación será garante de la unidad catalana en defensa de un nuevo modelo de financiación para Cataluña, siempre y cuando el gobierno de la Generalitat garantice a su vez "firmeza" en la negociación, "objetivos claros" y "resultados tangibles".
"Si el Gobierno no cumple, las fuerzas políticas catalanas deben unirse en Madrid para dejarle claro a José Luis Rodríguez Zapatero que si él no cumple, nosotros luego no lo podemos ayudar", manifestó Artur Mas, partidario de "crear dificultades" al Gobierno y "utilizar la fuerza de Cataluña para que entienda que con Cataluña no se juega y que las obligaciones y los compromisos deben cumplirse".
En un tono más optimista, el presidente del PSC, Isidre Molas, auguró un acuerdo "justo y beneficioso" para Cataluña en materia de financiación, aunque para lograrlo pidió a todos los partidos catalanes "hacer piña" en torno al presidente de la Generalitat y mantener la unidad en el proceso negociador.
Advertencia de colapso
Sus socios en el gobierno no compartieron el mismo tono y el líder de ERC, Joan Puigcercós, pidió a Montilla que no confunda "flexibilidad" con "entreguismo", y advirtió de un "colapso" en Cataluña si esta comunidad no mejora sus recursos.
"Vamos hacia el colapso político, institucional y social en Cataluña por culpa de las decisiones que se toman en Madrid", aseveró el líder republicano.
El otro socio del tripartito catalán, el presidente de ICV, Joan Saura, fue también taxativo y alertó de que se producirá una "cierta crisis política" entre Cataluña y el Gobierno si éste se niega a "cumplir exactamente" todo lo previsto en el nuevo Estatut, incluido el nuevo modelo de financiación para Cataluña.
Por su parte, la presidenta del Partido Popular catalán, Alicia Sánchez-Camacho, reivindicó el acuerdo de financiación pactado en 2001 por el Gobierno del PP y las comunidades autónomas, y retó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a "estar a la altura" de aquel "buen" pacto para Cataluña.
En calidad de presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach reclamó al conjunto de fuerzas políticas catalanas "unidad y firmeza" en la negociación sobre el nuevo modelo de financiación.
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