D. BARBUZANO, La Laguna
Las presentes fiestas del Cristo pasarán a la historia por tres nuevas llagas de la talla relacionadas con un informe ocultado durante 9 años donde se habla del deterioro de la imagen sin que nadie haya actuado para restaurarlo y una doble acción de la Asociación en Defensa de La Laguna. Su presidente, Julio Torres, destacó a EL DÍA que lo único que ha hecho es ser eco del deseo popular de respetar la promesa de los artilleros y no permitir el prelado que vuelvan a escoltar al Crucificado moreno como en el pasado.
La Asociación en Defensa de La Laguna dirigió ayer una palabras de corazón al prelado diciéndole que cuando fue ordenado en 2005, "los laguneros y laguneras, como todos los creyentes que conforman el pueblo de Tenerife, nos sentimos orgullosos y esperanzados".
El presidente de dicha asociación, Julio Torres, precisó que "orgullosos porque son muy escasos los canarios que han dirigido los destinos de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, y alegres de que usted pudiera empezar a desmentir la tan manida voz popular de que nadie es profeta en su tierra. Ese orgullo se acrecentó al conocer sus orígenes humildes, pues pensamos que era profeta en su tierra y, además, profeta del pueblo. Pensamos que nadie mejor que un canario, conocedor de la fe, las devociones y los sentimientos de su pueblo, para escucharlo y para escribir sus homilías desde ese conocimiento y respeto a su idiosincrasia".
La asociación pensó que el obispo, por ser canario y hombre conocedor de lo que es superar dificultades, "podría hacer realidad lo que es un anhelo, a veces susurrado, otras vociferado a pleno pulmón y lágrimas, del pueblo lagunero, en particular, y de todo el pueblo tinerfeño, en toda su generalidad, multitud y diversidad. Ese alarido que, como un rugido desde lo más profundo del corazón y la fe clama, relativo a que queremos al Cristo de La Laguna con su escolta de artilleros, que tanto amamos y añoramos".
Julio Torres dijo que siempre ha sido consciente de que conceder lo dicho al pueblo exigiría ser flexible ante la literalidad de una decisión sinodal. "Pero -precisó-, puesto que nadie es infalible, siempre confiamos en que su capacidad de reflexión encontrara los argumentos necesarios para, en virtud de escuchar ese clamor de un pueblo, que confía y espera de su pastor una guía en la fe y devoción, para recapacitar, reconocer posibles errores y escuchar a su Iglesia, esto es, a su pueblo".
También reconoció que su asociación no es infalible, y que tal vez, o a lo mejor, seguramente, "en nuestros discursos para apoyar nuestro deseo, nos hemos dejado llevar por nuestro ímpetu y ardor; y este fragor nos ha impedido ser humildes. Apelamos a su comprensión, pues sólo hemos querido ser la voz, tal vez muy apasionada, de un pueblo. Por ello le pedimos, señor obispo, con toda humildad, disculpas por todo lo que le haya podido parecer hiriente".
La gran llaga calificada por Julio Torres es que el grupo de gobierno le hizo llegar su deseo de que no hubiera manifestaciones el domingo que desluzcan la procesión del Cristo. Ayer, una inspectora de la Policía Nacional llamó a Julio Torres y le preguntó por lo mismo. Le pidió que se personara hoy para saber si tenía pensada alguna acción, lo que no hará por no ser citado de forma legal.
En esta forma de proceder del ayuntamiento y la Policía Julio Torres ve "un acto de intimidación en un país democrático como el actual. Mi asociación no ha organizado ninguna manifestación ni se hace responsable de lo que el pueblo haga. El único responsable, si lo hubiera, es el obispo por su intransigencia".
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