BENJAMÍN REYES, Tenerife
Antonio Vega (Madrid, 1957) formó en 1978, junto a su primo Nacho García Vega, el mítico grupo Nacha Pop, legando clásicos populares contemporáneos como "La chica de ayer", "Lucha de gigantes" o "Relojes en la oscuridad". Tras la disolución de Nacha Pop en 1988 inició su carrera en solitario, publicando su primer disco en 1991: "No me iré mañana". Con sus sucesivos trabajos discográficos comenzó a granjearse fama de letrista intimista que transita por el lado oscuro de la existencia humana. Superviviente de la movida madrileña pasó a ser considerado, al principio de su carrera en solitario, un artista de culto con vitola de maldito hasta que éxitos como "El sitio de mi recreo", "A trabajos forzados" o "Completo incompleto" le han hecho llegar a un público mayoritario. Antonio Vega es un músico en constante evolución que no ha querido anquilosarse en un determinado sonido. Esta noche actúa, a partir de las 22:30 horas, en el Faro Chill Art de Adeje
-¿Por qué sus letras intimistas están repletas de impronta melancólica?
-Me dedico a escribir lo que vivo. Reflejo las diferentes etapas por las que voy pasando. Miro a mí alrededor y lo que me encuentro es lo que luego plasmo. Nunca me planteo si una canción tiene una carga más melancólica que otra. Por regla general, intento ser optimista. Mis letras dependen de mi estado de ánimo y del momento del día en que las escriba.
-¿Le abruma que le consideren poeta?
-Pienso que la poesía es algo muy serio y no me gustaría que esta consideración fuera gratuita. Sólo me planteo escribir textos y aplicar todos los recursos de los que dispongo en el ámbito lingüístico y gramatical.
-"La chica de ayer" ha sido votada por críticos y músicos como la canción más recordada del pop español. Saque pecho.
-Es una canción muy redonda, Con los años, "La chica de ayer" se ha estandarizado como un clásico del pop y yo no puedo hacer otra cosa que recibirlo con agrado.
-Se le considera un artista de culto con vitola de maldito. ¿Se reconoce?
-Hubo algo de eso en un principio. El halo de misterio inicial creó un círculo de culto. Sin embargo, actualmente el matiz de culto ha dejado paso a una mayor popularidad.
-¿Qué tipos de imágenes cree que genera su música?
-Me gusta recrear imágenes a través de la música. Siempre he dicho que mis textos y mi música son impresionistas y paisajistas.
-¿Cuál es la razón de que no se haya sentido atraído por las canciones con contenidos de denuncia social?
-Porque no me gusta hacer política con la música. La música es un arte creativo con muchas posibilidades. Hacer política con ella es muy fácil y uno puede caer en la tentación de utilizarla como una herramienta de poder. El músico tiene la posibilidad de llegar a la gente y de manejar valores muy serios, pero a mí no me gusta manipular a los demás.
-¿Por qué suele espaciar tres o cuatro años sus trabajos discográficos de estudio?
-Quizá porque no soy demasiado prolífico. No soy de esos que hacen cincuenta mil canciones. Compongo realmente pocos temas y tiene que pasar tiempo para reunir un determinado material. Tampoco responde necesariamente a un patrón, es más una cuestión de azar.
-A lo largo de su carrera ha colaborado con músicos tan dispares como Miguel Bosé, Pau Donés (Jarabe de palo) o Amaral ¿Considera crucial el encuentro con otros intérpretes?
-Es importante que los músicos se relacionen y que sepamos lo que pensamos unos de otros, de que seamos sinceros. Si algo se agradece en el gremio de los músicos es la posibilidad de conocernos.
-Su segundo disco en solitario, "Océano de sol" (1994), lo produjo el renombrado Phil Manzanera. ¿Sin embargo usted no quedó contento con el resultado?
-Más que con el resultado no quedé demasiado contento con él. Hubo sus más y sus menos durante la grabación. Hubo ciertos errores de conceptos básicos. Por aquella época yo no era ningún principiante y parecía que ese señor lo sabía todo. A mí me gusta pensar que uno no lo sabe todo y que queda mucho por hacer.
-En 1993 varios artistas le rindieron tributo con el álbum "Ese chico triste y solitario". No obstante, a usted no le terminó de gustar la idea. ¿Por qué?
-Pues no, porque eso parecía más un homenaje póstumo que otra cosa. En ese momento no me encontraba bien y aquella historia tuvo una interpretación de doble filo. Tampoco me gustó cómo se llevó a cabo el proyecto ni cómo se trató a los artistas que participaron. Todo esto me lo encontré como una sorpresa. Un día fui a una tienda de discos y me encontré con el álbum. Luego fui descubriendo muchas cosas que no me gustaron.
-¿Los 80 fueron la edad de oro del pop español?
-Sin duda.
-Sin embargo, el pop de ahora parece vacuo de contenido.
-Parece que se ha producido un vacío extraño. Han dejado de salir burbujas. Es como cuando la coca-cola la sirves muy deprisa, crece y crece, y cuando reposa vuelve a la normalidad.
-¿Qué diferencia el sonido de Antonio Vega del de Nacha Pop?
-Que el sonido de Antonio Vega es un sonido más duro, denso e introspectivo.
-Tras retomar años después el repertorio de Nacha Pop. ¿Se ha percatado de la importancia de su legado musical?
-Ha sido un reto muy fácil de afrontar para mí volver a interpretar las canciones de Nacha Pop sobre un escenario porque me he dado cuenta de que era un grupo en toda regla con arreglos musicales complejos.
-¿El regreso en 2007 de Nacha Pop es algo efímero?
-El regreso ha sido un recordatorio para la gente y un homenaje a lo que fue Nacha Pop. Eso es todo.
-¿La movida madrileña no es algo que se ha mitificado demasiado?
-Es algo que se ha elevado a la categoría de mito porque fue algo muy grande y que dio pie a que muchas cosas evolucionaran no sólo en el campo musical sino en todas las artes creativas. Fue un momento importante y como tal hay que tratarlo. La movida madrileña estuvo protagonizada por un grupo reducido de gente a la que nos hervía la sangre, que puso en marcha un mecanismo que se convirtió posteriormente en popular.
-¿Se considera un superviviente de la movida madrileña?
-No, porque la movida madrileña fue sólo un momento de mi vida. Yo sobrevivo cada día.
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