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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Un país de lágrima fácil

12/sep/08 07:21
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LLORAR. Eso fue lo que hicieron hace un par de días varios trabajadores de Futura, que se habían concentrado ante las oficinas de esta compañía en Palma de Mallorca, cuando sus representantes sindicales les anunciaron que no existía ningún plan de viabilidad. Al menos hasta donde ellos sabían.

Llorar se ha convertido en algo habitual para los españoles. Un día llegaron los psicólogos de nueva hornada y le dijeron al personal que conviene exteriorizar los sentimientos, pues el estoicismo romano de Séneca y similares pensadores estaba pasado de moda. Así surgió un país de llorones. Lo malo es que no sirve de nada llorar sobre la leche derramada. Lo dice un refrán popular. Lo único eficaz ante los problemas es afrontarlos con dignidad y conocimientos. Como Dios le dé a entender a cada cual, por no alejarnos mucho de la sabiduría popular.

A estas alturas resulta evidente que Zapatero no sabe resolver la actual situación de la economía española, pero sabe venderse; y sabe también, como consumado experto en marketing político, que el tiempo juega a su favor. El tiempo y la oposición. El tiempo porque dentro de tres años y pico, cuando toque volver a votar, la crisis ya no será tan grave. No porque la economía haya remontado el vuelo, sino porque la ciudadanía se habrá aclimatado a la calamidad. Una resignación en cualquier caso suficiente para que la ideología se imponga otra vez al pragmatismo. Y la oposición porque Rajoy sigue feliz en su papel. Le sugiere el presidente del PP al Gobierno del talante que contenga el gasto, ayude a quienes crean empleo y controle los precios. Contener el gasto ayuda a no incrementar el déficit del Estado -lo cual no es poco-, pero no contribuye a que levantemos cabeza; más bien lo contrario. Para controlar los precios hay que encarecer el dinero, y de eso ya se encarga el BCE. Ayudar a crear empleo es harina de otro saco. No nos engañemos: en España -en la de Aznar, la de Zapatero y en la de quien venga o deje de venir- continúa siendo una tragedia disminuir una plantilla cuando hace falta. Es relativamente fácil contratar, pero muy difícil despedir. Llevan años diciéndonoslo por ahí fuera, pero ni caso.

"Los trabajadores muchas veces no son conscientes de que una subida salarial del uno por ciento, que individualmente no suponen más de 200 ó 300 euros al año, puede hacer inviable una empresa", me comentaba un veterano sindicalista mientras veíamos por televisión el llanto a lágrima viva ante la sede de Futura. "Pero, ¿cómo explicas esto en una asamblea?", añadió. Supongo que diciéndole a los trabajadores que lo primero es tener trabajo. No obstante, sería absolutamente injusto y radicalmente falso culpar a los empleados de esta crisis. Los empresarios tampoco han ahorrado mucho durante las vacas gordas. Y quienes lo han hecho prefieren esconder el dinero hasta que regresen los buenos tiempos. Eso sí, tiene razón Rajoy cuando afirma que los 400 euros de rebaja fiscal para ganar votos -y nada más que para eso- le han supuesto al Estado 6.000 millones de euros. Tanto como ha costado el gran colisionador inaugurado estos días con tanto bombo y tanto platillo. 6.000 millones a cambio de 400 euros en todo un año; treinta y tres euros al mes. Esas son las cuentas de Zapatero.

rpeyt@yahoo.es

 

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