ESTABA hace unos días tomando café con mi amigo Ceferino, padre de tres encantadoras criaturas, en el quiosco de La Paz, una de las terrazas donde hacen el mejor café de Santa Cruz. Aunque lo sirven rápido, en ese tiempo se puede observar la "marcha del mundo" a través del trasiego humano por las Ramblas.
Para intentar enhebrar la hebra, se me ocurrió hacer una de esas preguntas "profundas" que se hacen cuando no se tiene otra más: ¿qué tal los niños en el colegio? La respuesta le salió del fondo del alma: "¿Los niños?, ¿el colegio?" -no, no era gallego-, "¡me tienen loco!, los libros de texto me han salido por un ojo de la cara; además, en los primeros cursos no hay forma de que a un hermano le sirvan los libros del otro. Parece ser que a final de curso nos mandaron del colegio una lista de los libros..., pero son tantos los papeles, circulares y notificaciones que mandan que a uno no le da tiempo de leerlos todos. Y después se mezclan con otros, y ya no sabes si son los recibos de luz, del agua, del banco, de la comunidad, de alguna ONG, del dentista, de las últimas ofertas de unos grandes almacenes o de la arepera de la esquina. Total, que no encontré por ningún lado la dichosa listita; al final, volver al colegio a pedirla. Y además, la lista del material y uniformes... Vamos, que me vas a tener que invitar al café porque me he quedado sin un euro en el bolsillo...".
Tomó un sorbo de café medio frío y, sin apenas enterarse de que yo seguía allí, continuó: "Por fin, el día ocho, a las siete de la mañana, cogí a los tres, pertrechados y escorados por el peso de las voluminosas mochilas; y sin más explicaciones, ¡al colegio, al colegio! Tuve que tragarme el nudo en la garganta, a pesar de los pesares cuando me sonrieron, al despedirse, con su rostro pegado a la ventanilla de la guagua. ¡Al colegio!, después de todo, no se iban para Kosovo ni Afganistán".
Se levantó y pidió la nota. Cuando el camarero le dijo que ya estaba pagado, comentó: "Era una broma, para pagar un café todavía me llega. Bueno, adiós, te dejo, que se me ha hecho tarde". Este tipo, muy amigo mío, me dejó descolocado. No soy nada partidario de las teorías de Freud, pero hay que tener en cuenta que, junto con el síndrome postvacacional y el colegio de los niños, es uno forofo empedernido del Madrid. Y en lo que llevamos de Liga el Real Madrid no se ha comido una rosca.
Para el próximo domingo, cuando nos volvamos a encontrar, aunque el Madrid haya vuelto a perder, le intentaré hacer ver: 1. La importancia de no perder los nervios con los hijos, porque los estados de ánimo se contagian y los niños necesitan la seguridad y el apoyo de sus padres. 2. Prestarle una mayor atención a los niños cuando vuelven a casa, manifestar nuestra alegría por sus tareas realizadas en el colegio y felicitarles; y darles un lugar y un tiempo para que puedan preparar las tareas del día siguiente. 3. Mantener un contacto frecuente con los profesores, padre y madre o madre y padre a la vez, para seguir de cerca los progresos o cualquier tipo de dificultad que a los niños les pueda surgir en el centro. Y que ellos sepan que se ha estado con sus profesores.
Si se ha elegido un buen colegio, no hay que romperse la cabeza con un exceso de preocupaciones. El colegio es el sitio ideal para ellos. Aprenden, se divierten y se insertan en la vida social. Los profesores no sólo les enseñan a sus alumnos, sino que además colaboran con sus padres en esa tarea, inherente a su condición, de formar a los hijos como personas. Por este motivo -insisto- se debe mantener el contacto regular con los tutores, de acuerdo con el horario de visitas o cuando nos llamen. Y ser muy leales con ellos, dándoles siempre la razón a los profesores, ante los hijos y explicándoles lo que les está pasando. Así los profesores pueden contar con el apoyo y el respeto de los padres. Tal vez, ésta sea la clave para un comienzo de curso acertado y me atrevería a asegurar que estas ideas pueden ayudar a superar un curso sin ningún tipo de sobresaltos o sorpresas y con un resultado muy satisfactorio. Después de todo y sobre todo, después del verano, hay que "volver, volver y volver? al cole".
*Orientador familiar
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