... No se puede decir que el empresariado canario, al menos el que asistió el miércoles pasado a la conferencia que dio Paulino Rivero en el hotel Mencey ante los socios de la Asociación para el Progreso de la Dirección, muestre mucho entusiasmo con la propuesta nacionalista de un estatus especial para el Archipiélago. Mientras desayunaban con cierta frugalidad, los directivos y propietarios de las principales empresas, patronales y asociaciones representativas de varios sectores productivos escuchaban con interés al presidente canario desgranar sus razones para que estas islas obtengan nuevas competencias que aumenten su nivel de autogobierno. Aplaudieron sin demasiado entusiasmo y llegó el turno de preguntas. Entre ellas, dos que dejaban traslucir cierta desconfianza. Alguien -las preguntas en estas reuniones son anónimas y se pasan por escrito a un moderador- quería saber cuál es el límite de ese autogobierno que propugna el partido del presidente, Coalición Canaria; otro asistente quería que le aclararan si el discurso había que interpretarlo como un tirón de orejas, cosa que, obviamente, negó Rivero.
... El presidente del Gobierno autónomo mantiene que la sociedad canaria no se ha dado cuenta todavía de que ese estatus especial que piden los nacionalistas, amén de beneficioso en todos sus aspectos, no tiene sesgos partidistas y, por tanto, puede -y debe, vino a decir- ser apoyado por todos. E incluyó a los medios de comunicación. Después, en el turno de preguntas, al responder a una serie de ellas, vino a poner a los catalanes como ejemplo envidiable de unión sin fisuras en defensa de lo suyo.
... Como concepto general, la pretensión de Rivero y su partido es sensata y, desde luego, beneficiosa para Canarias. Es más, no miente el presidente cuando dice que su estatus especial se limita a mejorar el autogobierno de estas islas sin restar un ápice a la solidaridad interterritorial, que es lo que hacen los dos regímenes forales y lo que pretende ahora Cataluña. Ahora bien, no es del todo cierto que la propuesta de Rivero sea apartidista puesto que pasa por una reforma del Estatuto de Autonomía que, como se sabe, se encuentra atascada porque los nacionalistas (ahora también el PP, pero no antes de entrar en el Gobierno canario) no admiten retocar la parte de la norma electoral porque los beneficia. Es decir, si ceden en eso, el PSC dejaría de poner obstáculos. En cuanto a que la actitud de los catalanes sea ejemplar, es harto discutible. Y de la de sus medios de comunicación, mejor no hablar.
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