LAS TREPIDANTES noticias que nos llegan desde todos los puntos del planeta referidas al llamado "mundo del turismo" no hacen otra cosa que confirmar las predicciones que la propia Organización Mundial del Turismo se ha encargado de propagar desde hace muchos años.
Las crisis y los desajustes ocasionados por la incontrolada forma de desarrollarse este bien llamado fenómeno pasan a ser las causas naturales de su propia evolución, algo más que justificable si comprendemos que nos estamos refiriendo al movimiento socio-económico más importante que ha ocurrido en el mundo a través de toda su historia.
Nada más real que las noticias que todos los días llegan a nuestros correos, donde lo mismo se cuenta que se inaugura en España el primer hotel desmontable, como que la poderosa cadena RIU abre su primer hotel en Jamaica con cinco flamantes estrellas y más de 500 plazas. Sencillos ejemplos que contrastan con el deterioro que se viene observando en algunos de los tradicionales destinos de los pasados años, que se han quedado anquilosados en su desarrollo, cuando se han cargado literalmente las señas de identidad que les hacían participar en el gran negocio con unas admirables condiciones de planta autóctona envidiada por otros destinos poco afortunados.
La voracidad de la especulación acabó con todo un conjunto de valores tradicionales en los que también entró la propia idiosincrasia de los habitantes de estas zonas deterioradas, haciendo desaparecer la bonhomía y la gentileza que, unidas a una casi natural simpatía de sus gentes, fueron en su tiempo altamente calificadas por un turismo fiel a esas particularidades que no dudaban en repetir un destino, recordando la amabilidad de tal o cual agente social, que iban desde el chofer del autobús o la guía de la agencia de viajes, hasta el recepcionista o el botones -existen todavía en los mejores hoteles del mundo- del más humilde de los hospedajes.
Realidades y valores consecuentes que hoy se estudian en cursos, seminarios, libros, congresos y convenciones, para determinar y estructurar el escenario que está ahí, frente a nosotros mismos, donde las experiencias -la madre de las ciencias- se contrastan y su valoran por quienes han vivido esa tremenda revolución socio-económica que ha transformado naciones, ciudades, pueblos y lugares? y sin dudarlo, a la sociedad mundial.
Ocurre entonces que no nos puede extrañar que se estén vendiendo ya viajes al espacio, o que los más "ilustres" penales norteamericanos se estén transformando en hoteles, como ya publicamos en otro anterior trabajo en estas mismas páginas de EL DÍA.
Con profunda satisfacción comprobamos ahora cómo zonas de esta humilde América que existen desde hace millones de años hoy están incorporándose de forma decidida al desarrollo turístico, como es el caso de Nicaragua, donde nos han sorprendido brillantes proyectos que muy pronto darán trabajo digno y bien remunerado a sus habitantes, tradicionalmente emigrantes, como fue el caso de las Islas Canarias a través de toda su historia.
Nicaragua tiene con qué, decíamos en un anterior reportaje sobre esta gran nación. Ahora podrá salir fácilmente de su letargo económico y social con sólo unos pocos proyectos turísticos que se pongan en ejecución y explotación, racionalmente hablando. Un país con una población activa de menos de dos millones de habitantes y con las más excelentes posibilidades para desarrollar un turismo de alta calidad tiene que ser, forzosamente, el punto de destino adecuado, no sólo para que propicie la recepción turística, sino que también se verá pronto necesitado de una mano de obra especializada que no podrá ser atendida sólo por sus propios habitantes. El tiempo nos lo irá a decir en breve.
Guiados por los más selectos programas relacionados con los estudios de la situación turística mundial, hemos aconsejado a los nicaragüenses fijar mucho su atención en el turismo rural, una de las fórmulas más seguras para que los aportes socio-culturales y económicos que el turismo ofrece, lleguen lo más pronto posible y de la mejor manera a todos los habitantes del país
Unas buenas impresiones hemos podido obtener en nuestra pasada visita a Nicaragua sobre la actividad empresarial relacionada con su desarrollo turístico, lo cual es el reflejo ideal para construir las bases que lleven adelante la prosperidad del país.
Unidas a estas previsiones, parece conveniente y necesario que se sigan las pautas que la experiencia trae consigo y que están siendo divulgadas, un día sí y otro también, en los más selectos programas que afortunadamente tenemos hoy en todo el mundo, guiados por un organismo que ha dado a todos unos conocimientos y unas enseñanzas ideales, basadas en las más extraordinarias experiencias del buen hacer -y del mal hacer también- como es la Organización Mundial del Turismo.
Hoy, ante la inminencia del trabajo que llevaremos a la IV Conferencia Internacional -convocada por esta organización- a celebrar en Burdeos, Francia, sobre "Gestión y marketing de destinos: dos instrumentos estratégicos para lograr un turismo de calidad", tenemos mucho que reflexionar sobre la oportunidad que se nos brinda para seguir profundizando en una materia en la cual cada día hay algo nuevo que aprender.
Presentes en esta panorámica del trepidante desarrollo del turismo mundial deberán estar los malos ejemplos a no seguir, con desafortunados derroches económicos en obras mal planificadas, peor ejecutadas y fuera totalmente del contexto de lo que debería ser el desarrollo sostenible necesario para la humanidad, ejecutadas "in misericorde" por los más ignorantes políticos y empresarios que pululan todavía por muchas partes en el mundo, sin que se les caiga la cara de vergüenza. Eso es lo que tenemos.
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