D. BARBUZANO, La Laguna
Las fiestas mayores de septiembre vivieron ayer con toda solemnidad el emotivo acto del Descendimiento del Cristo de La Laguna, que este año destacó porque recibieron la medalla de la Esclavitud dos nuevos miembros, que son generales y acudieron, como no se recordaba desde hacía mucho tiempo, vestidos con uniformes.
La función religiosa comenzó a las 11:00 horas, saliendo del convento franciscano la comitiva, perfectamente formada gracias a la profesionalidad del maestro de ceremonias de la Esclavitud del Cristo, Emilio Melián Martín.
El cortejo lo formaron los monaguillos con incensarios y navetas, la Cruz Alzada y ciriales, los nuevos esclavos, la junta de gobierno de la Esclavitud del Cristo con su Esclavo Mayor, Francisco González de Aledo y Buergo, sacerdotes, el obispo Bernardo Álvarez y dos seminaristas. Entraron en el templo con la música de la Coral Polifónica del Círculo de Amistad XII de Enero.
La novedad de esta ceremonia fue la presencia entre los 19 nuevos esclavos de dos generales uniformados del arma de Infantería, como fueron Pedro Pérez-Andreu Díaz y Juan Antonio Díaz Cruz. También, aunque con traje oscuro, entró en la Esclavitud el teniente coronel Pablo Hernández Erena.
Entre las autoridades civiles cabe destacar la presencia de la alcaldesa, Ana Oramas, y la concejal de Fiestas, Julia Dorta.
El altar lucía de color rojo y blanco, a través de anturios y gladiolos, respectivamente, como simbolizando el amor y la paz.
El momento más emotivo fue el Descendimiento del Cristo lagunero de su Cruz de plata, lo cual sucedió a las 12:25 horas en punto. En ese instante repicaron las campanas y se dispararon las 12 salvas de rigor. Luego se apagaron las luces del santuario, el cual quedó a media luz para dar más emotividad al ceremonial.
Los encargados de bajar al Crucificado moreno fueron Antonio Pérez Morales, vicario general; Jesús Gil Agüín, delegado de Hermandades y Cofradías; Miguel Ángel Navarro, director del Archivo Diocesano, y Vicente Cruz Gil, canónigo de la Catedral.
Acto seguido, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, limpió con un paño mojado en agua bendita los pies, herida del costado y brazos del Cristo y besó dichas partes, para luego incensar la imagen.
Un momento impresionante fue cuando el prelado nivariense, al final, con el Crucificado moreno colocado sobre una base forrada con terciopelo de color rojo, abrió sus brazos, los elevó a las alturas y le dijo al Cristo: "Míranos con ojos de piedad".
Por la tarde, el Cristo salió en procesión hasta la iglesia de La Concepción, donde dio comienzo el quinario, predicado por el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio. Al pasar el Cristo por el Orfeón La Paz le cantó el Coro de Voces Graves de Madrid.
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