Las autoridades no han cuantificado los daños causados por "Ike", que se suman a los destrozos millonarios que dejó "Gustav", y a la precaria situación económica de la isla. "Gustav" dañó 140.000 viviendas, más de 500 escuelas y centros sanitarios, miles de hectáreas de cultivos, unas 150 torres alta tensión, unos 1.000 postes de tendido eléctrico y telefónico, 3.500 secaderos de tabaco y 1.500 naves de almacenamiento. En la zona oriental han quedado arruinadas las cosechas, entre ellas las del plátano, alimento infaltable en las mesas cubanas junto con el arroz y los frijoles. También se perdieron cultivos de otras viandas y hortalizas. "Vamos a pasar mucho hambre", comentaba preocupada Dalia García. Fidel Castro se preguntaba el lunes: "¿Dónde quedarán un racimo de plátanos, una fruta o los vegetales de un huerto intensivo? ¿Dónde un cultivo de frujoles y otros granos? ¿Dónde un campo de arroz o caña?". Si con el actual rendimiento de la agricultura cubana el gobierno necesitaba importar el 84 % de los alimentos, ¿qué pasará ahora? ¿Podrá la nueva reforma agraria (entrega en usufructo de tierras a campesinos), que ya se aplica, contrarrestar los efectos de los huracanes? El tiempo lo dirá, pero la consecuencia lógica será el incremento de los precios, algo que pocos cubanos pueden asumir.