Gastronomía
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CAIUS APICIUS PERIODISTA GASTRONÓMICO

No precisamente para llorar

10/sep/08 07:37
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C.A., Pontevedra

Hace unos días, en concreto el de la festividad de Santa Rosalía, Sanxenxo celebró la XVI Feira da Cebola, cuyo acto principal es la imposición, a quienes se hayan hecho merecedores de ello, de la "Cebolla de oro". Este año, uno de los "encebollados" fue mi admirado amigo y paisano Fernando Ónega... que tuvo un arranque de sinceridad y confesó, en su breve discurso de agradecimiento, que a él no le gusta la cebolla y que no la ha comido jamás.

Tranquilo, Fernando: le pasa a muchísima gente. No es un caso tan notorio como los que suscitan el ajo o el pepino, pero es cierto que tampoco ante la cebolla cabe adoptar una posición neutral: o gusta, y entonces acaba gustando mucho, o se odia. Así que, querido amigo, lo tuyo no es para llorar..., como hubiera sido, en cambio, que hubieras tenido que ganarte esa cebolla de oro pelando cebollas de las de verdad.

Voy a revelarles el único procedimiento infalible para pelar cebollas sin derramar ni una lágrima. Olvídense del agua, de ponerse media cebolla en la cabeza... Nada. Lo único que funciona, garantizado al cien por cien, es... que las pelen otros. En esto me declaro discípulo de doña Emilia Pardo Bazán.

Fascinante.- Tiene su encanto esta fiesta de la cebolla de Sanxenxo. Este año, con un día espléndido y soleado, playero -el público se repartía entre la playa de Silgar y el recinto de la fiesta-, hubo cincuenta y cinco puestos de cebollas y otras especialidades de la huerta local; se dio el premio al bulbo más grande a una cebolla de algo más de kilo y medio, y fueron premiadas también sendas ristras de cebollas de 103 y 160 metros de longitud, que ya son ristras y ya son cebollas.

Parece que la fiesta tiene su origen en una vieja costumbre; ésas son, de verdad, las fiestas que acaban arraigando. Nos contaron que hace años, por estas fechas de finales de verano, gentes de lugares como Bueu, en la margen opuesta de la ría de Pontevedra, o de la isla de Ons, que la cierra por el Oeste, navegaban en dornas -la dorna es un barco pequeño de pesca muy típico de las Rías Baixas- hasta Sanxenxo para proceder al trueque de sus productos por otros procedentes de las huertas de esta última localidad.

Anécdotas.- Un buen amigo, el marqués de Patiño, me contaba que recuerda que en su infancia iban marineros de Ons al pazo familiar, donde procedían al cambio de los percebes y nécoras de la isla por, fundamentalmente, fruta. Esto puede extrañarnos hoy, pero debemos recordar que el marisco no siempre gozó de la popularidad ni el aprecio -gastronómico y económico- del que goza hoy; el alto prestigio de, justamente, nécoras y percebes es cosa de prácticamente anteayer.

Cebollas. Viejas como la Humanidad.

Porque la cebolla es, ciertamente, un comodín en la cocina. Y tan popular que hasta es protagonista de la típica frase que simboliza la máxima entrega posible de unos enamorados: contigo, pan y cebolla. Es un principio. Añadiría: la luna de miel... en Sanxenxo.

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