A VECES se producen situaciones en el entorno de las personas o de los grupos de personas -las empresas son, en definitiva, grupos más o menos numerosos de personas- en las que las noticias catastróficas se suceden una tras otra, sin más novedad que cada una se diferencia de la anterior en que es todavía más calamitosa. Y así durante días, semanas, meses incluso, en una espiral descendente hacia el abismo. En definitiva, la vorágine del desastre.
Supongo que algo así es lo que le está ocurriendo a la economía. Bueno, a la economía española sólo no; a todas. Sin embargo, nuestros garbanzos dependen directamente, querámoslo o no, de la economía española. Aunque no hace falta suponerlo. Basta con leer los periódicos. Por ejemplo, la sección de economía de EL DÍA en su edición de ayer. Empezamos. "La bolsa española sube casi un cuatro por ciento, contagiada por el resurgir de la banca". Un efecto rebote, como dicen los entendidos. Igual que una pelota arrojada contra el suelo. Cada vez que golpea en lo más bajo, sube un poco para volver a caer y rebotar un poco menos. Un proceso con final más que predecible. Seguimos. "Las familias españolas destinan el 46 por ciento de su renta a pagar las hipotecas". Cerca de la mitad del suelo. Aunque en términos de media aritmética. Conozco a alguien que gana más de mil euros -con lo cual no es mileurista en el sentido estricto-, a quien después de pagar la cuota de la hipoteca le quedan 200 euros. Menos mal que vive en pareja. Le aconsejé que acuda a una clase semanal, como mínimo, de convivencia conyugal. Porque como se divorcien, los veo mal; a los dos. Veamos algo más. "La crisis de Futura acarrea varias cancelaciones de vuelos en Canarias". Éramos pocos y parió la abuela. Definitivamente, las desgracias nunca vienen solas. Por si era poco lo de Spanair, Alitalia y otras compañías, 600 trabajadores -aproximadamente la mitad de la plantilla de Futura- al paro. Pero no acaban aquí las buenas noticias. "Los bancos centrales prevén un mayor debilitamiento", leo a continuación. Se me hace difícil pensar cómo nos podemos debilitar todavía más, pero si los bancos, que son los que tienen el dinero, lo dicen... Para concluir la sección, otra perla: "Soria vincula los contratos en origen a los trabajos que rechazan los españoles". Que vengan sólo a limpiar las casas, barrer las calles, plantar lechugas y recoger tomates. Ah, y a descargar camiones en los mercados. Qué panorama.
Con respecto a esta última noticia, hace días que me pregunto a cuenta de qué tanto ataque contra el ministro Corbacho por anunciar que los contratos para emigrantes tocaban su fin. ¿Es sensato que si no hay trabajo suficiente para los ciudadanos de un país, se siga reclutando mano de obra foránea? Lo pregunto, no lo afirmo. Como también pregunto si procede seguir pagándole el seguro de desempleo a un señor que rechaza un trabajo. Porque en el fondo -en el fondo, en la superficie, y en todo ese espacio entre dos aguas que media entre el fondo y la superficie- eso es lo que propone el consejero de Economía del Gobierno de Canarias. Un señor, por más señas, que va de liberal. Mientras tanto, el presidente Zapatero de excursión en los Picos de Europa -una forma de echarse al monte-, y la oposición de vacaciones.
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