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10/sep/08 07:37
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Carta al Observatorio Plotius: tutorías de jóvenes

Soy una profesora de las Islas Canarias (España). Me parece bien que se tomen, desde los FSE, una serie de medidas conducentes a compensar las desigualdades sociales, sobre todo en materia educativa, y que se financien ciertas zonas europeas desfavorecidas económica y socialmente. Pero siento comentar que me he vuelto bastante escéptica con este tipo de financiaciones, con su destino final y con los resultados. Los políticos canarios actuales en materia de educación hablan continuamente de paliar el fracaso escolar y elevar la calidad de la enseñanza. Sin embargo, hasta hace poco yo era la responsable de un grupo de formación conformado por alumnos procedentes de las zonas y centros más necesitados y con fracaso escolar elevado. Llevábamos a cabo un programa de acciones para reconducirlos al mundo laboral, crearles expectativas, ya que su trayectoria inicial era la delincuencia/inadaptación social y el paro.

Esos grupos de formación se han suprimido de un plumazo, sin más explicaciones, por parte de nuestros políticos canarios. Han quedado más de 900 alumnos en la calle, sin completar en muchos casos ninguna especialidad formativa. El profesorado dedicado a tal labor, formado en un largo proceso y financiado a través de los FSE durante muchos años, vuelve a impartir clases en la enseñanza regular.

Y yo me pregunto ahora: si esos alumnos y otros nuevos son socialmente los más favorecidos de Canarias? Si, por su historial absentista en la enseñanza regular, no van a la escuela o la abandonan de forma temprana: 1º) ¿A quiénes van destinadas las nuevas financiaciones de los FSE para Canarias? 2º) ¿Se cumple el espíritu de la nueva ley de educación española (LOE), que está en marcha, cuya reforma pretende que ningún escolar deje de formarse y de cualificarse? 3º) ¿Quién va a supervisar la autenticidad de las acciones de los FSE en materia educativa en Canarias? 4º) ¿Dónde van a ir ahora nuestros jóvenes absentistas, cada vez más numerosos? 5º) ¿Qué se ha articulado por parte de nuestra Consejería de Educación para alfabetizar y cualificar a nuestros alumnos inmigrantes que tendrían que encontrar trabajo en menos de un año, sin caer en la delincuencia? 6º) ¿Se está prestando realmente atención a la población canaria? ¿La cualificación de los jóvenes de zonas desfavorecidas canarias interesa a alguien?

Creo que más bien poco, ya que a las personas formadas en una larga trayectoria en Canarias en problemática educativa y recuperación de conductas se les ha cortado las alas para el ejercicio. Y ni siquiera se nos ha informado previamente de forma veraz y caballerosa, por parte de las autoridades educativas de las intenciones de la total supresión del programa y sin alternativas. Y los componentes de los 28 centros, voluntariamente inmersos en ese trabajo de conductas, laborioso pero realmente fascinante, a través de toda la geografía canaria, nos hemos quedado atónitos.

Quienes conocíamos a fondo la problemática socioeducativa más cercana, por nuestro trabajo diario en las zonas más necesitadas, prestando aunque sea una mínima cualificación y/o alfabetización a los jóvenes canarios en riesgo de exclusión social y a los inmigrantes, nos hemos apenado enormemente viendo la trayectoria antisocial de la política canaria y los graves errores en materia educativa (si es un problema de ignorancia).

Ya sólo me queda despedirme, esperando que el tiempo dedicado a estos comentarios sirva para mejorar algo en alguna parte, al menos en el espacio europeo.

Una tutora

Del instituto al doncel

Transcurría el curso escolar 64-65, en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de La Laguna, hoy I.E.S. Instituto Canarias Cabrera Pinto, cursaba sexto grado superior de bachillerato con asignaturas de Religión, Filosofía, Lengua y Literatura, Geografía e Historia, Matemáticas, Física, Formación del Espíritu Nacional y Educación Física.

Nuestra profesora de Lengua y Literatura, Srta. Montelongo, nos preguntaba sobre la materia, pues así se desarrollaban las horas de clase, entrábamos en el aula "La Capilla", en la que coincidamos los alumnos tanto de Letras como de Ciencias, pues la Historia de la Literatura era común para las únicas ramas del saber que se estudiaban.

Según el número de lista, salías al estrado y comenzabas a recitar las lecciones. Dependiendo del grado de desenvolvimiento, ibas aprobando o hundiéndote en el suspenso.

Fui de los segundos y tuve que aprenderme, casi de memoria, las trescientas y pico páginas del libro, el cual acabé durante el curso escolar 65-66, aprobándolo. Recuerdo una ilustración en blanco y negro, como todas, en el farragoso libro que me impactó: la figura sugestiva y melancólica del Doncel de Sigüenza.

Han pasado 44 años y recalé en la ciudad de Sigüenza, enclavada en la comarca denominada Serranía de Guadalajara, en la margen izquierda del río Henares. En la catedral visité la capilla de los Arce, el Comendador Martín Vázquez de Arce el famoso Doncel de Sigüenza, con su efigie tallada en alabastro, ensimismada en la lectura de un libro sagrado, posiblemente la Biblia, reposando en actitud indolente, sosegado con expresión melancólica. También la de su hermano Fernando de Arce, obispo que fue de Canarias.

Bien, a lo que iba, tuve que verme y sentirme en aquellos años de instituto como el Doncel, toda la vida leyendo el libro de Historia de la Literatura, para poder saltar el escollo de la asignatura que nos preguntaba la Srta. Montelongo.

Algo parecido me ocurrió con la ilustración de la diosa Cibeles en Madrid, cuando con 8 años en la escuela preparatoria del Instituto, nos impartían los primeros conocimientos, lecciones de la enciclopedia y miraba con incredulidad lo lejos que estaba Madrid, tan lejos, y pensaba cuándo podría ir a ver a la diosa. Tuvo que pasar una década para poder pisar por primera vez tierra peninsular.

Nuestros alumnos hoy en día se acercan más pronto a la realidad, los viajes de fin de curso acortan los años de expectativas y no se quedan atónitos, como sucedía en aquellos maravillosos años.

Francisco Llarena García

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