Criterios
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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

14 muertes más

8/sep/08 07:21
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LAS PREGUNTAS, aunque insistentes, ya casi sobran porque las respuestas están ausentes. Las explicaciones que se dan son las de siempre, las sabidas y machacadas por los ritmos de la historia. Que sí, que el fenómeno migratorio es tan viejo como la vida misma, que las necesidades han sido las que han impulsado a los pueblos a la trashumancia y a la formación de otras comunidades, y, si se quiere, hasta el inicio y forja de los imperios. Y en ese barco de los deseos muchas veces las muertes no se pueden evitar, pero a pesar de ello el riesgo está prácticamente asumido por los que deciden cambiar una tierra por otra. Pero cansa. Cansa a los que viajan y están instalados en una aventura permanente, y cansa al observar las desidias y la falta de compromiso (sí, señora Rumi, y no siga diciendo las tonterías y las justificaciones insulsas de siempre) por las altas instancias del poder estatal y europeo, que deben contribuir mucho más de lo que hacen para al menos evitar que las muertes sigan produciéndose y que el Atlántico deje de ser la tumba donde se sepultan miles de cuerpos y de esperanzas fallidas.

Las preguntas ya no sirven y las soluciones caminan por el sendero de la ausencia. Pero, ante eso, ante lo imparable del fenómeno, sí que se pudiera entre todos no sólo elevar un canto de fastidio y de cabreo, sino poner la carne en el asador y al menos que se sepa que se está haciendo por parte de los que son responsables del desaguisado algo más que ahora, que es nada, y cuyo colofón y paradigma es la inoperatividad por falta de mantenimiento de algunos SIVE.

Cuando se observa o se nos dice de muertes tras muertes y, además, imaginamos todas aquellas que no se pueden contabilizar, se le encoge el ánimo a cualquiera, a la vez que se predispone a preguntarse si vale para algo todo el discurso montado sobre la solidaridad de la alianza de civilizaciones, de un europeísmo comprometido, sobre todo, con su vieja historia de rapiña o de un socialismo más allá de las fronteras de la igualdad y del bienestar para todos. Seguro, y a la vista está, que esas proclamas de nada valen si no es para seguir alimentado la demagogia, el mirar para otro lado y eludir las realidades donde una de las más palpitantes y sangrantes es la de esas muertes que no cesan.

Canarias está siendo la gran casa de acogida de estos desgraciados, a la vez que cementerio de seres despersonalizados, donde sus tumbas son simplemente señaladas con un número. Canarias está en la ruta como puerta del paraíso soñado. Canarias es noticia, un día sí y otro también, de esas arribadas y muertes incesantes, y la verdad que ya cansa y fastidia que sea así. Desde aquí, aparte de acogerlos y darles sepultura, poco más se puede hacer, por lo que habrá que seguir gritándole al oído al Gobierno del Estado, el que preconiza no sé cuánta solidaridad, que la ejerza de una vez y se deje de tirar balones fuera desde una incompetencia manifiesta.

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