SIEMPRE HEMOS pensado en La Orotava como una villa señorial, aristocrática incluso. En cualquier caso, un lugar respetuoso con su pasado. Por eso nos sorprende el afán por borrar los símbolos del franquismo, incluida la denominación de algunas calles. Todo ello por complacer a cuatro progres recalcitrantes, que en realidad no son progresistas sino amargados siempre dispuestos a dar un mitin para acaparar líneas en los medios de comunicación.
Nada más lejos de nuestra intención defender una dictadura. Sin embargo, la historia es la que es y está ahí. Nos parece bien que las calles cuyos nombres fueron cambiados por el franquismo recuperen su denominación original. En otras, de nueva creación, resulta absurdo. Por muchos nombres que se modifiquen y por muchos monumentos que se destruyan, la historia reciente de España y Canarias no va a cambiar ni un ápice. Siempre perdurará una realidad: la de que la mitad de los españoles se enfrentaron a la otra mitad, convencido cada bando de que sus ideas eran las más justas. En definitiva, todos luchaban por un país mejor.
No obstante, si la memoria histórica es lo que está de moda, podría no sólo el ayuntamiento de La Orotava sino también otros muchos ir un poco más atrás en el tiempo. ¿Por qué revisar lo que ocurrió hace sesenta y tanto años, y no hacer lo mismo con lo acaecido, para tragedia de estas Islas, hace seis siglos? Nos referimos a la conquista con masacre y genocidio que sufrió Canarias. Una crueldad muy superior a los crímenes franquistas y republicanos durante la contienda civil, así como los perpetrados por el nuevo régimen a partir de 1939. En definitiva, no debería preocupar más en La Orotava el Caudillo, con mayúscula, que los muchos caudillos godos, con minúscula, que siguen sojuzgándonos.
Y de La Orotava a Los Cristianos. ¿Cómo es posible que una playa declarada no apta para el baño, debido a una supuesta contaminación bacteriana, pueda volver a usarse a las pocas horas? Mucho nos tememos que en todo este asunto ha vuelto a intervenir la mano negra canariona, pues la perfidia de los amarillos es alargada. No en vano la Consejería de Sanidad está controlada por Las Palmas. Nada apostilla más nuestras sospechas que un hecho altamente significativo: un periódico que ejerce de caballo de Troya canarión en Tenerife, publicó en primera página y con gran alarde tipográfico la noticia del cierre de la playa. Pero al día siguiente, cuando tocaba anunciar que todo volvía a la normalidad en Los Cristianos, la noticia fue escamoteada de la portada y relegada a páginas interiores.
Concurre la casualidad, aunque nosotros no creemos en casualidades, que en ese periódico pululan tres de los cuatro godos más dañinos para Tenerife. A dos de ellos -bembón el uno, capitán araña el otro que embarca a sus compañeros con engaños y luego los deja tirados- los hemos padecido en esta Casa. El tercero es conocido por su dudoso aseo y su aversión al jabón. Qué personajes. El embaucador pretendió nada menos que haber fundado La Prensa, si bien luego intentó destruirla. Así son los testaferros de los canariones infiltrados en esta Isla.
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