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8/sep/08 07:21
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El comercio en el Puerto de la Cruz

Mucho se está hablando de los comercios del Puerto de la Cruz, de la crisis nacional e internacional, del cierre de establecimientos en estas fechas y, sobre todo, de la persecución que está teniendo el nuevo gobierno de Lola Padrón y de Eva Navarro, auspiciado por el concejal Coello, que va a pasar a la historia como el concejal que más negocios cerró en el Puerto.

El pasado invierno se aprobó una ordenanza que quería poner un control en los comercios de la ciudad, algo comprensible y hasta necesario, para que todos tengan las mismas oportunidades, las mismas obligaciones y los mismos derechos. Una ordenanza que tuvo sus voces en contra y a la que no se le buscó arreglos. Esas voces no se tuvieron en cuenta.

¿Dónde estaban en esos momentos las asociaciones de comerciantes de la ciudad? ¿Por qué no hicieron nada ni mediaron para busca soluciones? ¿Por qué se quedaron con los brazos cruzados? Incomprensible pero cierto. Los comerciantes se quedaron sin apoyo y con unas señoras en su contra. Tanto cacareaban que había que ayudarles y así empezaban a "ayudar".

Si esto es poco, una vez entra en vigor la ordenanza del concejal de turno, Sr. Coello, empieza su labor en la ciudad. Y su labor no es ayudar, solucionar o corregir. Parece que su labor es buscar a quien incumple y atosigar a los comerciantes que no están al día. Esa podría ser una de sus funciones, pero con calma, con tranquilidad, con mano derecha, pero claro, la derecha todavía le suena mal. Bueno, ya no tanto, porque el Puerto es ya ambidiestro, tanto trabaja con la derecha como con la izquierda.

Pues este gobierno, conocido ya popularmente por "la yenca" (izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un, dos, tres) no ha tenido mano izquierda con los comerciantes. Que soliciten los permisos, sí, pero mientras tanto que sigan trabajando para poder sacar unos euros en estos momentos que aún hay turismo. Pero no. Es más fácil al estilo Coello: ¿tiene usted los papeles? No. Pues todos los expositores para dentro. Así no se hace, esas no son las formas.

Es una pena pero así nos va a los comerciantes del Puerto. Y, mientras tanto, las asociaciones que hasta hace poco salían día sí día no criticando, ahora permanecen calladitas. En año y medio no las he oído una sola vez. Bueno, sí las he oído, adulando y besando por donde caminan las alcaldesas y el concejal Coello. Y, mientras tanto, todos protestamos en las puertas de nuestros negocios, pero nada más. El Puerto necesita una movilización. Unirnos y pedir que quienes cogieron por su gusto el gobierno trabajen para los demás, y no como hasta ahora, de follón en follón.

Y si no son capaces de hacerlo, no saben gobernar o no saben para más, déjenlo y váyanse a su casa, que otros habrán que quieran hacerlo mejor. Lo que pasa ahora con los comercios, los comerciantes y el turismo de mi ciudad no se había visto nunca antes. En ningún momento. Comerciantes, empresarios, tenemos que hacer algo juntos, porque si no nos moriremos de hambre y de asco.

María García

El juego de "pares o nones" de Güímar

Güímar, 8 de septiembre por la tarde. Subida de la Virgen de El Socorro. A la espera de la llegada de la Virgen comienza en las calles de San Pedro Abajo, El Calvario, Los Majuelos y La Asomada el juego de los "pares o nones".

Hay muchos juegos con ese nombre, pero ninguno tan singular y peculiar como el que practican los güimareros. Tradicionalmente, se juega con almendras (enteras, con su cáscara dura). Participan en él, normalmente, dos jugadores que se sitúan frente a frente. Uno de los jugadores alarga la mano con un número desconocido de almendras, ocultas dentro del puño, a la vez que dice: ¿pares o nones? El otro jugador apuesta por si dentro del puño hay un número par o impar de almendras. Si acierta, se llevará las almendras del que le desafiaba, y si no, tendrá que pagarle con un número igual, de almendras al que había dentro del puño. En otras palabras, si sale par ganará el jugador si apostó pares, en caso contrario tendrá que pagar. Se puede dar la revancha o seguir jugando el que haya ganado.

Se juega por las calles arriba mencionadas, por donde pasa el recorrido de la procesión. No hay ningún acuerdo previo, sino que de forma espontánea y sorpresiva nos podemos encontrar con alguien, que podemos conocer o no, se dirige a nosotros y nos reta preguntándonos: ¿pares o nones? Uno responde a la pregunta y juega siempre que tenga almendras con las que corresponder. Participan desde los más pequeños hasta los mayores. Hay quienes ganan un buen puñado de almendras. Como en todos los juegos, en este no podían faltar las trampas; la más común consiste en esconder una almendra pequeña entre el pliegue que existe entre el dedo pulgar y el índice. El jugador entonces decide si la deja caer o no dentro del puño, con la intención de romper el número par o impar que tenga, para resultar ganador.

Entre los jóvenes lo más normal es no pagar todas las almendras que se deben, sobre todo si se juega con el sexo contrario. Así, cada vez que se crucen de nuevo, se dicen algo en relación a lo que se deben. Una forma de vender la timidez y la barrera del contacto físico, porque siempre se tenderá a abrir de forma forzada la mano del contrario para recuperar lo que le pertenece. Tiene la ventaja de que el deudor puede quedar para devolverle lo que le debe por la noche, en la verbena que siempre se organiza en la plaza. De esa forma han surgido muchos amoríos en Güímar.

La corporación municipal debería hacer un esfuerzo por mantener este juego.

Artemio

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