Cultura y Espectáculos
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VERSOS CADA DÍA

4/sep/08 07:36
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Coplas de mi tierra

Al despedirse me dio

un pañuelito bordado

en señal de nuestro amor

que yo, con mucho pudor,

llevo en el pecho guardado.

Oteaba el horizonte

por ver si regresaría.

Pero pasaron los años,

meses, semanas y días

y a puerto no volvería.

Sobre de un noray, sentada,

esperaba su regreso.

Pero nunca más volvió

ni una carta le envió

diciendo adiós con un beso.

Cuando voy al cementerio

y en su tumba pongo flores,

me dan ganas de llorar

por no poder abrazar

al amor de mis amores.

Andrajoso y pordiosero

sin dinero y sin cariño

vas errante por el mundo,

por no saber valorar

lo que tuviste de niño.

Cuando te vayas a ir

no me dejes madre mía

que sin ti no sé vivir

ni de noche ni de día.

Nadie comprende el dolor

de perder a un ser querido,

sólo se sabe apreciar

después de haberlo sufrido.

Enrique Díaz Martín

Porque soy tan buen poeta

Porque soy tan buen poeta

ustedes me leerán

tengo una pata en Jerez

y otra tengo en Gibraltar.

Y yo cuando quiero canto

y si no me echo a llorar.

Y yo me subo en mi barca

y me voy a pasear.

El que no quiere a una madre

es mejor que no naciera.

Ponerle una piedra al cuello

y lanzarlo a la escollera.

Porque la madre es tan buena

sangre de tu misma sangre.

La vida dará por ti,

aunque tú nunca la dieras.

Me lo contó mi paloma

que mandé volando al cielo.

Venía de ver a mi madre

y le llevó mi pañuelo.

Ella se puso a llorar

con tanta penita y duelo

que los ríos estando secos

corren, corren todos llenos.

Manuel Cortés

Sí pudo ser...

Gritó inconsciente mi alma

al verse furtiva,

al sentirse huérfana,

ser sin más,

nostalgia de la nada

que, hurgando en la herida,

supuró, de una llaga,

una memoria pasada

de risas, llantos y lágrimas.

Me desperté de un sueño,

inocente mi corazón,

creyó, por momentos, ser dueño

de la pasión de tu interior,

ese del que nunca salió un "te

[quiero"

por no pensar en amor sino en

[amistad

mientras yo tentaba al cielo;

no, nunca engañaste,

quien se equivocó fui yo.

Y ahora, ¿qué nos queda, cora

[zón?,

tal vez la alegría de un

[momento

que sanó nuestro dolor,

una caricia que, inocente y

[esquiva,

solitaria se perdió,

un beso no dado

y que jamás se dará;

quizás, cuando ames a alguien,

de mí... te acordarás.

Antonio Blanco V.

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