Coplas de mi tierra
Al despedirse me dio
un pañuelito bordado
en señal de nuestro amor
que yo, con mucho pudor,
llevo en el pecho guardado.
Oteaba el horizonte
por ver si regresaría.
Pero pasaron los años,
meses, semanas y días
y a puerto no volvería.
Sobre de un noray, sentada,
esperaba su regreso.
Pero nunca más volvió
ni una carta le envió
diciendo adiós con un beso.
Cuando voy al cementerio
y en su tumba pongo flores,
me dan ganas de llorar
por no poder abrazar
al amor de mis amores.
Andrajoso y pordiosero
sin dinero y sin cariño
vas errante por el mundo,
por no saber valorar
lo que tuviste de niño.
Cuando te vayas a ir
no me dejes madre mía
que sin ti no sé vivir
ni de noche ni de día.
Nadie comprende el dolor
de perder a un ser querido,
sólo se sabe apreciar
después de haberlo sufrido.
Enrique Díaz Martín
Porque soy tan buen poeta
Porque soy tan buen poeta
ustedes me leerán
tengo una pata en Jerez
y otra tengo en Gibraltar.
Y yo cuando quiero canto
y si no me echo a llorar.
Y yo me subo en mi barca
y me voy a pasear.
El que no quiere a una madre
es mejor que no naciera.
Ponerle una piedra al cuello
y lanzarlo a la escollera.
Porque la madre es tan buena
sangre de tu misma sangre.
La vida dará por ti,
aunque tú nunca la dieras.
Me lo contó mi paloma
que mandé volando al cielo.
Venía de ver a mi madre
y le llevó mi pañuelo.
Ella se puso a llorar
con tanta penita y duelo
que los ríos estando secos
corren, corren todos llenos.
Manuel Cortés
Sí pudo ser...
Gritó inconsciente mi alma
al verse furtiva,
al sentirse huérfana,
ser sin más,
nostalgia de la nada
que, hurgando en la herida,
supuró, de una llaga,
una memoria pasada
de risas, llantos y lágrimas.
Me desperté de un sueño,
inocente mi corazón,
creyó, por momentos, ser dueño
de la pasión de tu interior,
ese del que nunca salió un "te
[quiero"
por no pensar en amor sino en
[amistad
mientras yo tentaba al cielo;
no, nunca engañaste,
quien se equivocó fui yo.
Y ahora, ¿qué nos queda, cora
[zón?,
tal vez la alegría de un
[momento
que sanó nuestro dolor,
una caricia que, inocente y
[esquiva,
solitaria se perdió,
un beso no dado
y que jamás se dará;
quizás, cuando ames a alguien,
de mí... te acordarás.
Antonio Blanco V.
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