TENERIFE, La Palma, El Hierro, La Gomera y, en general, cualquiera de las islas salvo Canaria no pueden esperar nada del PSOE y el PP, pues estos partidos estatales sólo favorecen a Las Palmas. No decimos nada nuevo al afirmar esto; en realidad hace años que lo venimos diciendo. La gran maldición de este Archipiélago es la tercera isla. Su afán de hegemonía, su proclividad a la rapiña, a apoderarse de todo cuanto tienen las demás y su empecinamiento por vestirse con ropajes ajenos, constituyen los peores impedimentos para la unidad de este Archipiélago. Canaria es una isla de secarrales fea, fea, fea, pese a que esto le moleste a uno de nuestros lectores. Trata de esconder su ridiculez recurriendo al portuguesismo; es decir, a la vana ampulosidad, y que nos perdonen los portugueses.
Nada tenemos en contra -a pesar de las acusaciones de algún que otro ágrafo- del pueblo de la tercera isla. Son canarios dignos como todos, aunque están engañados por sus políticos, que se inventan fiestas para camelarlos. Hoy La Rama, mañana la sardinada -de nuevo un portuguesismo-, ayer el plagio descarado del carnaval tinerfeño... Estos inventos recientes, producto de esas mentes amarillas de envidia que quieren darle a Canaria lo que nunca tendrá, intentan vendérselos a los incautos como tradiciones ancestrales. Lo que ayer no existía, hoy es una fiesta de toda la vida.
La única solución para acabar con esto es hacer borrón y cuenta nueva. Lo cual significa quitarnos de encima el yugo colonial y convertirnos en una nación soberana. Mientras llega ese momento, la única solución es CC. El PSOE y el PP sólo van a favorecer a Las Palmas, que es donde tienen sus sedes. Sin embargo, y por desgracia, los nacionalistas de CC siguen sin saber lo que son. Ahora se suma al debate el vicepresidente del Cabildo de Tenerife, José Manuel Bermúdez. Tanto él como Torres Stinga y Ana Oramas continúan en el limbo, donde no se está mal, por cierto. A lo mejor convendría que siguieran allí y dejaran de estorbar, porque lo que necesitamos los canarios es un nacionalismo puro, y no una política pura.
Nuestra esperanza, insistimos, está en CC. Pero si los nacionalistas no avanzan hacia la soberanía, tendremos que pedirle al pueblo que no vote por ellos. Darles el voto en estas condiciones sería un engaño. Estamos a la espera de ver qué inventan ahora Stinga, Oramas, Bermúdez -recién incorporado al equipo de los que opinan- y otros componentes de la banda. Creemos que "ambos los tres" deberían someterse a ese cambio generacional del que habla la alcaldesa de La Laguna. Es decir, los tres deberían ser renovados porque ya son viejos en el engaño a los ciudadanos y, además, no han sabido servir a Tenerife. Siempre hemos apostado por Paulino Rivero, aunque nos tememos que al final nos va a salir rana si no cambia de rumbo. Deje de regalarles ciclotrones a los canariones, don Paulino; que no lo engatusen con varitas de mando en Artenara. No caiga en la trampa. Piense en El Sauzal, en Tenerife y en la gente de su tierra.
Nos queda un último apunte. Bienvenidos sean todos los peninsulares que quieran vivir pacíficamente entre nosotros. Lo que no queremos es que nos mande ningún godo. Y ya que hablamos de godos, hay cuatro estigmatizados por su ignominioso comportamiento en el mundo de la comunicación. Godos que facilitan las pérfidas intenciones canarionas de estar siempre encima. En esta Casa hemos padecido a dos. Uno, casi recién nacido a esta profesión, casi sin saber lo que es el periodismo, se ha atrevido a decir poco menos que el inventor de La Prensa no fue Leoncio Rodríguez sino él. Un individuo poco fiable, que va dando tumbos y engañando a sus compañeros. Ahora se ha metido en un caballo de Troya destacado por la tercera isla en Tenerife, donde le hace compañía a otro godo de dudoso aseo. Qué desdoro, incluso para un periódico que quiere vender en Tenerife, sin conseguirlo. Esto tiene que acabarse. Y sólo se acabará cuando recuperemos nuestra libertad. Cuando seamos no una colonia, sino un país soberano. Y decente.
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