CONJUNTO de componentes "lógicos" necesarios para hacer posible la realización de una tarea específica, en contraposición a los componentes físicos del sistema (hardware). Cuando usted compra un ordenador, compra el cacharro, la máquina, el aparato -hardware- y, además, pa'que le sirva pa'algo, tiene que tener o añadir la animación, el sistema, el desarrollo -software-, porque, si no, no vale pa'nada. Es un muerto. Es como un televisor sin señal o un hombre sin compañera (esto último es broma). El término software fue usado por primera vez en este sentido por John W. Tukey en 1957. En las Ciencias de la Computación se define software como toda la información procesada por los sistemas informáticos: programas y datos. Haciendo un poco de historia, el concepto de leer diferentes secuencias de instrucciones, desde la memoria de un dispositivo y con el fin de controlar los cálculos, fue introducido, por vez primera, por Charles Babbage como parte de su máquina diferencial. La teoría que forma la base de la mayor parte del software moderno fue propuesta inicialmente por Alan Turing, en su ensayo de 1936 "Los números computables", con una aplicación al problema de decisión. A partir de ahí, y sobre todo en las dos décadas finales, la cosa ha tomado tintes de ciencia ficción. Las casas, los coches, los ascensores... cuentan con software aplicado.
Las computadoras actuales -hardware- se fabrican en Japón, en EEUU, en Europa, en China, con alta tecnología de microchips y con la dominación total de las patentes de las grandes firmas del sector. No hay nada que rascar.
El software básico también es un campo dominado por las desbordadas multinacionales, como la Microsoft de William Henry Gates III, más conocido por Bill Gates, pero en su adaptación especifica a los diferentes sectores, empresas, estructuras y organigramas de trabajo sí que hay un territorio extenso al que se puede aspirar parcialmente desde aquí. Es uno de los campos abiertos en los que, desde Canarias, se podría competir en teórica igualdad de condiciones con cualquier otra iniciativa exterior o empresa mundial. En componer y/o particularizar programas informáticos, personales, profesionales o de entretenimiento. La actividad se fundamenta en crear, ampliar y mantener "aplicaciones" que adapten las necesidades de un mercado en evolución a pautas y medidas estructuradas en desarrollos cibernéticos, hechos para el encaje en esa realidad concreta. "prêt á porter" para el planeta de los ordenadores y sistemas de planificación individualizada. En muchos casos son alta investigación asumida por pequeñas empresas canarias de desarrollo de "software" -la palabra doble, traducida del inglés, no posee traducción adecuada al contexto en el idioma castellano y significa, literalmente, "partes blandas o suaves", por lo cual, fue adoptada por la Real Academia de la Lengua- situadas en el sector. Compiten, con otras empresas, nacionales e internacionales, por porciones mayores o menores del mercado de la empresa privada. Su guerra es épica y hay muchos valientes torpedeados por la crisis actual y los cobros imposibles. Profesionales capaces dentro de las empresas canarias dedicadas a resolver problemas y entregados a su pasión creativa, a veces para funcionamientos más comunes y generales, otras, a aplicaciones particulares y específicas. En el plano de I+D+i, lo mismo hay un científico de software de primera talla mundial al lado suya. ¡Qué calladito se lo tenía!
En otras partes del globo globalizado y en otras comunidades del Estado estatalizado más sensibles al papel que puede jugar este sector, se los incentiva de todas las formas y maneras posibles, con encargos del completo de las tareas públicas concernientes a la gestión integral de cualquier organismo, ayuntamiento o entidad autónoma. Por ejemplo, en la autonomía extremeña, y "a lo sordini", por bajo cuerda, en otras muchas. Primero, por cercanía, comodidad, efectividad y mayor contacto con las problemáticas. En simbiosis con los que más adecuadamente pueden resolver los atascos e ineficiencias. Segundo, por incentivar un sector en el que es posible crear riqueza, investigación y desarrollo tecnológico.
Pero aquí no. Primero, se invierte muy poquito y se aprovecha muy mal la financiación que propicia Europa, para renovar y mejorar los medios informáticos públicos. La administración local -con algunas dignas excepciones- no apuesta demasiado por utilizar la tecnología del siglo XXI y dentro de este "gran" pecado autoflagelante, y, en segundo lugar, haciendo muy escaso uso de las herramientas que puede aportar el diseño local. En general, sin demasiada idea y en situaciones en las que el cliente no sabe con certeza, e incluso con "completitud", lo que requiere de su futuro sistema. No sabe si pedirle peras o manzanas.
¿Mande?
infburg@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD