LLEVO varios días pensando si lanzarme o no a la arena periodística de la letra impresa: mi deber, por razón de oficio, como español, como canario y como cristiano que debe amar a su prójimo, es tratar de evitar la repetición de tragedias como la de Barajas, cuando ninguna investigación, por certera que sea, va a resucitar a una sola víctima ni restar el mínimo dolor a los que sufren la pérdida de un ser querido. Defiendo y me parece razonable la respuesta personal del presidente del Gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero, a la acusación de los empleados de "Spanair", de haber permitido la difusión de la conversación grabada entre los técnicos del avión siniestrado y los de la empresa respecto a la conveniencia de emplear otro avión en el viaje en el que ocurrió la catástrofe, por posibles dudas en el funcionamiento del aparato. Aunque tenga que decirlo por el lado de la crudeza, porque no hay otro modo, en comentario anterior dije, sin expresarlo con claridad, que me olía a culpabilidad por parte de los responsables de la compañía, porque ya tuvieron dudas sobre el funcionamiento de la aeronave y, en aviación, sobre todo, hay que guardar por todos los medios la seguridad y no cabe duda alguna cuando se llevan personas en el avión. Quiero decir que no se pueden realizar pruebas o ensayos, sino funcionar con seguridad absoluta. Insistir en la seguridad. Las primeras noticias de los medios informativos, como queriendo quitar hierro al asunto, aún sin saber nada.
El dueño de la compañía compró Spanair, la cual estaba realizando vuelos de bajo costo y de la que tenían sus dudas algunos veteranos pilotos que hicieron declaraciones no comprometedoras en la TV, como si huyeran de achacar cualquier culpa a nadie. Luego llegó la investigación y, aunque quisiera haberme equivocado, coincidió con mis sospechas, adquiridas a base de oficio. Ahora mismo, no se habla claro a pesar de la certeza de las averiguaciones que, a juicio de este periodista, conducen a la culpabilidad de los responsables de la compañía. No sé cuánto tiempo estaremos ahí, pero los accidentes de este tipo mueven miles de millones y se recurrirá a procedimientos desconocidos para el común. La razón del título de este ladrillo es la necesidad de que se incrementen todos los medios que garanticen una seguridad a toda prueba, y en esa labor, todo rigor será poco.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD