UNO ENTIENDE -puedo equivocarme- que cuando de congresos se trata el tema principal, el que da fundamento no puede ni debe ser otro que reafirmar el programa ideológico o iniciar otro ante la deriva socio-política vigente. La discusión y el debate político deben ir por ese camino aunque se diga, y muchas veces con razón, que las ideas no marcan ni inducen el voto y el apoyo ya que son el marketing y el dinero del que se disponga para distribuir las esencias de un partido político lo que prima y lo que será determinante en esta o aquella campaña electoral. Muchos, y es la realidad, votan sin tener ni idea de lo que están haciendo y qué tipo de compromiso adquieren con esta o aquella agrupación política.
Se pueden cambiar los nombres de los dirigentes; se podrá contar con gente joven con empuje, dicen, para relanzar este o aquel partido político; se podrá, así mismo, seguir en las filas con los veteranos que aporten experiencia y trabajo. Todo eso es posible. Pero ante coyunturas socio-políticas que necesariamente obligan a cambiar el rumbo y a definirse con claridad y rotundidad de nada sirven esos "valores" si se continúa instalado en la misma cantinela, con las mismas disposiciones y actitudes de los viejos tiempos y no se es capaz de enderezar lo que esta escorado con los apuntalamientos de una decidida proclama ideológica que, quiérase o, no se está esperando ya va para rato.
Y viene esto a cuento porque ante congresos inminentes y que están a la vuelta de la esquina se esgrimen por unos y por otros diferentes argumentos canalizados, en pro de apoyar el relevo generacional o en definirse ideológicamente con claridad. Cuestión ésta que no debe someterse a la duda ni a la incertidumbre. Y si de organizaciones nacionalistas se trata, menos aún. En lo más íntimo de esas estructuras políticas su razón de ser y de existir tiene que estar perfectamente definida.
El objetivo del nacionalismo y de los partidos que transitan por esa senda, y cuando la población que habita ese territorio lo decida mayoritariamente, es que sea ya de manera tajante una nación que ha pasado de estar situada en el imaginario al plano de la realidad más palpitante y esperanzadora y para que ese territorio una vez instituido con todas las prerrogativas que esto conlleva, haya dejado de ser ensoñación de poetas y de salvapatrias.
Se puede, y se hace, hablar de nación, de Estado libre asociado, de confederación, de federalismo, de cosoberanía y de independencia. Todo eso cabe en las propuestas del nacionalismo y de los nacionalistas y aun de los que no lo son. Pero eso no acontece de la noche a la mañana. Es el tiempo y el ritmo los que van diciendo y marcando en qué tramo del proceso se está. No se debe ni volver la espalda al objetivo ni desperdiciar el tiempo en devaneos y trifulcas internas del mismo nacionalismo que debe convencerse de una vez, ya que mañana será tarde, de que hay que tener como meta que Canarias sea reconocida como nación. Y para que así sea, es el reagrupamiento de las organizaciones nacionalistas lo que motive el caminar hacia ahí. Ideología, pues, clara y decidida. Y unión. Unión también decidida, porque si no es así no se llegará a ninguna parte y se estará toda una vida dando palos de ciego al aire.
Sin embargo, la realidad nos está diciendo que en un país que se considera el referente más genuino de la democracia, cual es EEUU, el ejemplo donde se postula un aspirante a presidente de 72 años y el otro mucho más joven se hace acompañar para su posible vicepresidencia por un veterano político de 68 años. Creo que es ese el quid de la cuestión: establecer una simbiosis, un tándem entre la experiencia y la juventud. Pero también hay que decir e insistir que si todo eso no se envuelve con el envoltorio de una ideología determinante y consecuente, en este caso la nacionalista canaria, no servirá para nada. Será solo política de tierra quemada.
Las organizaciones que se propugnan como nacionalistas en Canarias deben ofrecer su imagen nacionalista con rotundidad y sin timorateces y aprovechar los congresos para eso: Canarias como nación. Fuera de ahí sería alimentarnos con harina de otro costal y estar totalmente alejados del contexto nacionalista.
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