EFE, Copenhague
Parece que la culpa de la infidelidad de los hombres la va a tener un gen, el alelo 334, que gestiona la vasopresina, hormona que se reproduce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo. De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable -algunos ya lo sabían por experiencia-, pero ahora lo ha constatado el estudio de los científicos suecos, difundido ayer. Si los cuernos siempre han tenido excusas, a partir de ahora habrá que decir mejor: "Cariño, la culpa la tiene el alelo 334".
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