A PAU Gasol lo crucificó la prensa gringa por hacerse una foto, junto con el resto del equipo olímpico de baloncesto, en la que se estiraban los ojos con los dedos para asemejarse a los chinos. El asunto, lo dije el otro día y lo repito hoy, no les importó demasiado a los hijos del Celeste Imperio. Y si les importó, no dijeron nada. Lo tomaron, al menos externamente, como una broma y punto.
No tan en broma, el Financial Times británico califica de cerdo a la economía española. Denominador despectivo que hace extensivo también al caso de Portugal, Italia y Grecia. El ámbito grecolatino no está a la altura de las circunstancias, como sí ocurre, en cambio, con el mundo anglosajón. El artículo original del Financial es mucho más expresivo que el resumen publicado por algunos diarios españoles. Según el rotativo anglo, las economías de Brasil, Rusia, la India o China crecen sólidamente, mientras que las de otros países menos afortunados como Portugal, Italia, Grecia y España -por este orden- son calificadas de cerdos. Existe una explicación que hace menos lesivo lo de cerdos: la palabra pigs significa cerdos en inglés, pero también agrupa a las iniciales de Portugal, Italy, Greece and Spain. No obstante, el redactor de la noticia admite que "cerdos" es un término peyorativo, but one with much truth. Es decir, bastante ajustado a la realidad. En definitiva, aquí todos somos animales de bellota.
Añade el Financial que hace ocho años "los cerdos realmente volaron, pero ahora están cayendo a tierra". No sé si esto lo considerará despectivo no sólo para un país, sino para cuatro naciones cada una de ellas con mucha más historia que Inglaterra, esa lectora de hablares lusos pero enamorada de Ucrania que me reprocha mis artículos.
Vaya por delante que la prensa es libre. Tanto la británica como la española. Por eso puedo escribir que me da cierta tranquilidad no ser súbdito de una monarquía -la de su graciosa majestad Elizabeth the Second- cuyo heredero, el príncipe Charles, ha confesado su íntima aspiración de ser un támpax. Personalmente me quedo con una nariz operada para respirar mejor.
He comenzado estas líneas con la referencia a un destacado deportista. No soy aficionado al baloncesto, pero supongo que Pau Gasol es una estrella sobre la cancha porque tiene empleo en Estados Unidos. Al margen de sus indudables méritos, me quedo con un anuncio suyo que he visto un par de veces durante las últimas semanas. Ese que recuerda la importancia de que te reconozcan en el mundo, no sólo en tu país. Pues bien, esta es la imagen que tienen de España por ahí fuera. Porque no sólo el Financial Times; en realidad, lo más florido de la prensa internacional lleva algún tiempo ocupándose de nosotros, y no precisamente para bien, a cuenta de nuestra evolución económica. ¿Por qué?, me pregunto. Alemania está capeando el temporal, Francia tiene problemas, el Reino Unido ha resistido hasta ahora. En general, no cabe decir -como han manifestado Zapatero y Solbes recientemente- que nuestros vecinos estén peor, aunque tampoco excesivamente mejor. En contrapartida, el erario español posee un colchón generado tras varios años de superávit, del que carecen Francia y Alemania. ¿Por qué -vuelvo a preguntarme- nos vapulean tanto?
Acaso porque estamos solos. La consecuencia de una política exterior en manos de alguien cuya máxima preocupación es que no dejen de invitarlo a tomar el té en Damasco y a pasar fines de semana en Mogador.
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