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3/sep/08 07:29
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Vaya imagen del Puerto de la Cruz

El pasado sábado decidí dar un paseo con mi pareja por el Puerto de la Cruz. Tomamos el coche y aparcamos en el parking del muelle. Parking de titularidad pública, el cual muchos de los trabajadores del Puerto usan para aparcar su coche y gracias al cual muchas personas se pueden acercar a visitar y de paso comprar en los comercios del Puerto de la Cruz.

Tuve suerte y no me costó mucho encontrar aparcamiento. Al bajar del coche, una muchacha algo desaliñada, lo que coloquialmente se conoce por "arrastrada", me sugirió que le diese la voluntad. Yo amablemente le respondí que aquello era un parking público y que no tenía por qué darle ni voluntad ni nada. A mi respuesta siguió una serie de amenazas veladas sobre la seguridad de mi coche, que no tenía por qué aparcar allí, etc. Como yo lo único que quería era pasar una tarde tranquila con mi esposa e hija decidí ignorarla y continué con mi camino. Creo que no entendió que no me interesaba su conversación, porque nos siguió, lanzando las mismas amenazas veladas y comencé a preocuparme. Al irme alejando del parking vi cómo la muchacha no estaba sola. En realidad me no me había topado con una sencilla aparcacoches, sino con una "empleada", pues había un señor del cual ella recibía órdenes. En total cuatro o cinco personas más hacían las labores de vigilancia-chantaje, así que supongo que el negocio marcha bien.

Al abandonar el parking llegó a su entrada un coche de la Policía Local. ¡Salvado! Pensé. Me acerque al municipal y le indiqué que unos señores me estaban solicitando bajo coacción que les diese dinero por aparcar en un parking público." "¿Quiere denunciarlo?", dijo. Supuse que no me había entendido así que intenté explicárselo mejor. "¿Perdón? Creo que no me ha comprendido. Le he dicho que a 50 metros hay unos señores que están coaccionando a todo el que aparca y le están solicitando dinero a los usuarios del parking público". La respuesta fue la misma. También me explicó que ellos no podían hacer nada. Que cada cierto tiempo acudían al parking para echar a aquellas personas pero regresaban. Y que como lo que hacían no estaba tipificado como delito pues que no los podían detener. Tras escuchar su respuesta decidí que no valía la pena sufrir daños en mi coche y decidí marcharme a casa. Adiós paseo tranquilo.

Me pongo en la piel de un turista que llega al Puerto y tras aparcar observa este espectáculo tercermundista y pachanguero. Bonita tarjeta de presentación. Por no hablar de la actitud de la policía. Soy canario y por cuestión de trabajo en los últimos ocho años he vivido en Barcelona. Les puedo asegurar que si alguien se pone a pedir dinero por aparcar en cualquier sitio de la ciudad a los cinco minutos tiene un policía que le pondrá la correspondiente multa a ese señor. Pero, claro, Barcelona cuida de su imagen, entre otras cosas de cara al turismo, cosa que en el Puerto hace tiempo que sabemos que ya casi no existe.

De lo sucedido hoy también he aprendido unas cuantas cosas. Se ve que soy un tonto por trabajar a diario y declarar mis ingresos a Hacienda, cuando lo que tendría que hacer es irme al Puerto y montar unos cuantos negocios. Creo que voy a ponerme en la entrada del ayuntamiento del Puerto -que es terreno público- y solicitaré la voluntad por pasar por allí, y si alguno se niega, les amenazaré como quien no quiere la cosa con que alguien le puede poner la zancadilla y se pueden partir la crisma. Por lo visto haciendo eso no incurro en delito alguno. También voy a "contratar" a unos amigos para que soliciten la "voluntad" por sentarse en los bancos de la plaza del Charco. A quienes no cumplan serán amenazados -ojo, veladamente- con que alguien los puede empujar del banco y se pueden dar un buen batacazo contra el suelo. Como ven el Puerto de la Cruz es una buena ciudad para iniciar negocios.

J.L. Pérez

Declaración de guerra

En la página 7 de la edición de este diario del día 18 de agosto, se publicó un artículo titulado "Zerolo y Bermúdez buscan neutralizar a Llanos con un importante evento musical". Esto, bajo mi particular óptica, significa la declaración total de guerra entre CC y PP, ni más ni menos. Era conocida en la calle la mala relación entre los dos grupos cogobernantes en el municipio, y se habla de que la lucha se ha llevado hasta el enfrentamiento personal entre los dos líderes. Soy santacrucero hasta la misma médula, y por ello me duele que nuestros ediles, en lugar de luchar por el municipio, que es para lo que han sido votados, y por lo que les pagamos, se dediquen a batallas conducentes a ganar los votos de los carnavaleros, con vistas a las próximas elecciones, porque hay que desengañarse, los votos, aquí, los ganan los carnavales y conciertos de salsa y similares.

Lo malo no es eso, sino que mientras están con las batallitas, el municipio anda mangas por hombro; me duele, por ejemplo que a principios de agosto, por mediación de un amigo común, me llamó un peninsular que visitaba la isla por primera vez para que le indicara, en mi opinión, los lugares más interesantes de la isla para visitarlos; para no alargar, al despedirse me dijo que se iba impactado pro la grandiosidad del Valle de Ucanca, para el que no encontraba adjetivos, y también por el abandono de Las Teresitas, de la que me dijo, que debería crearse la bandera negra para la misma. Me duele también, por ejemplo que cada noche duerma en las mismísimas puertas del Palacio de Carta, iglesia de San Francisco y TSJC, fachada principal del Casino y bancos de las proximidades, algún miembro de un colectivo de menesterosos, con sus bolsas paquetes y mantas, con más mierda que el palo de un gallinero y que, además, permanecen todo el día por el entorno, a modo de comité de recepción del turismo.

Sufro cuando aprecio que no se ven policías locales. Me duele cuando compruebo cómo en la pequeña calle de Santa Clara han desaparecido los bolardos que habían colocado, tras años de protestas de los vecinos, que en ocasiones no podían acceder a su domicilio, ni portar carritos de la compra; pues bien, han tardado menos los incívicos conductores en quitarlos que el municipio en colocarlos; lo grave no es solo eso, sino la indolencia "edílica".

Y por último, padezco cuando veo, varias veces al día, cómo los peatones tropezamos por el mal estado del pavimento de Valentín Sanz, plaza del patriotismo y las aledañas, sin que las reparen y que cuando intentan repararlas, las dejen peor. Los ediles deben limitarse a trabajar por su municipio y dejar la asquerosa política para los partidos.

Alfonso Hernández Suárez

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