POR FAVOR, piensen un poco y actúen, al menos por sostener las apariencias, empleando excepcionalmente el sentido común. Porque aquí estamos actuando con un surrealismo político que no entiende ni los mismos que lo practican. Es un secreto a voces que José Manuel Bermúdez, que es sólo vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife y miembro destacado de CC, se muestra desesperado por la Alcaldía de Santa Cruz y está haciendo todo lo posible por defenestrar a Miguel Zerolo, que es figura d estacada de su mismo partido. Sin embargo, ¿cómo puede salir en estas páginas un título, a cinco columnas, que dice "Zerolo y Bermúdez buscan neutralizar a Llanos con un importante evento musical"? Que se sepa, el señor Bermúdez es sólo vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife, sin poder ejecutivo alguno sino cuando sustituye al presidente Melchior. Entonces, ¿de dónde le viene el poder a Bermúdez?, ¿es una especie de ayatolah Jomeini insular que se salta todas las barreras de la lógica? Ya parece sospechoso que los teóricamente adversarios Bermúdez y Zerolo unan sus poderes para jeringar a Llanos, quien, meticuloso como es, ya debe tener preparado el tenderete. Pero lo del festival "obstruccionista" va en serio porque, en la página de la noticia, viene un grabado de un tipo que parece escapado del penal de Guantánamo, que es el que se propone cantar acompañado de una guitarra un poco mayor que la de Chikilicuatre y traen tres o cuatro sujetos, y supongo que sujetas, más, entre ellos, Enrique Iglesias, que es el único que tiene aspecto humano. Los demás pertenecen a tribus desconocidas. Y me supongo que las farmacias del entorno venderán tapones de oídos como escombros a los que no les importa el canto, sino figurar y hartarse de whisky de garrafón.
Y a Ángel Llanos, que es el único que trabaja, y lo hace bien, y que está recién salido del "affaire" del disco plagiado, que tenga paciencia. La mayoría de los santacruceros, entre ellos un servidor, estamos de su parte y somos testigos de cómo lo que debe ser gratitud se ha cambiado por envidia barriobajera.
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