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Letonia-Tenerife, un viaje sin rastro para matar

El presunto asesino de la joven de nacionalidad letona Kristine Z., muerta el 18 de agosto en San Miguel, planificó minuciosamente su acción criminal, que incluía el uso de un disfraz y de un coche a nombre de otra persona.
31/ago/08 01:00
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VICTORIA MONROY, Tenerife

Eran las cero horas de la noche del lunes 18 de julio cuando Kristine Z. regresaba a su domicilio después de una larga jornada de trabajo. Nada le hacía presagiar que, en pocos minutos, perdería la vida. Aparcó su coche en la esquina de la calle Rafael Alberti, en el barrio de Guargacho, del municipio de San Miguel, y se dirigió caminando hasta el edificio donde residía desde hace poco más de un año con su pareja. La calle estaba oscura y silenciosa y, en el interior desde un turismo gris estacionado, alguien vigilaba cada uno de los pasos que daba la joven. Kristine llegó a su portal y, al abrir la puerta, un hombre le asestó varias puñaladas por la espalda que acabaron con su vida al instante.

Los gritos de auxilio de la joven alertaron a los vecinos, que, rápidamente, se asomaron y vieron cómo un individuo vestido de oscuro y con peluca de pelo liso negro corría por la calle mientras que la mujer yacía en el suelo, ensangrentada y con las llaves de su casa en la mano. Un testigo dio avisó de inmediato a la Policía Local de San Miguel de Abona, que se personó rápidamente en el citado lugar y activó a la Guardia Civil y los servicios sanitarios, que no pudieron hacer nada para salvar su vida. Empezaba entonces, una intenso trabajo de investigación para identificar y localizar al autor de los hechos.

Investigación

En torno a las 00:15 del lunes 18 llegaron a Guargacho varias patrullas del Instituto Armado que comenzaron a interrogar a los primeros testigos, cerrando así el perímetro de la zona para intentar localizar al autor, que salió huyendo. Se trasladaron también la Sección de Investigación Criminal y el laboratorio de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial para realizar una inspección ocular del lugar del crimen. Gracias a dichos análisis se logró identificar como presunto autor de los hechos a Maris Meiers, ex pareja de la víctima.

A las 4:00 horas se procedió al cierre de puertos y aeropuertos de Tenerife con el fin de evitar que el presunto asesino, también de nacionalidad letona, saliese de la Isla. Asimismo, la Benemérita investigó de manera más exhaustiva a las personas cercanas a él. Sobre las 6:00 horas de aquella frenética madrugada, se localizaron los lugares frecuentados por Meiers y se estableció un dispositivo de vigilancia sobre los mismos.

A las 12:00 horas del martes 19 ya se había logrado conocer el último domicilio del presunto agresor. Asimismo, se determinó que Maris Meiers utilizaba los cibercafés como vía de comunicación, conectándose a blogs, tanto nacionales como de su país de origen. Se procedió entonces a remitir al Cuerpo Nacional de Policía y a las Policías Locales del Sur la fotografía del presunto asesino.

Durante las horas siguientes a los hechos, se sucedieron más de 25 interrogatorios a personas que podían estar vinculadas de manera directa o indirecta con Meiers. El 19 de agosto se amplió el control de puertos y aeropuertos de Gran Canaria, La Gomera, El Hierro y La Palma. El martes 20, agentes de la Guardia Civil, que tomaron parte en la investigación, analizaron la información recopilada y llegaron a la conclusión de que Maris Meiers se encontraba en Santa Cruz de Tenerife. Activaron, entonces, un dispositivo de vigilancia a pie de calle tanto en la capital de la Isla como en La Laguna. Se distribuyó también la fotografía del presunto autor a todas las Policías Locales.

Entre el 21 y 24 de agosto se confirmó que el presunto asesino utilizaba cuatro cibercafés en el área metropolitana y usaba el tranvía en sus traslados. A las 7:00 horas del lunes 25 se desplegó un dispositivo especial en la conurbación Santa Cruz-La Laguna, donde participaron 60 efectivos de diferentes grupos del Instituto Armado. Desde entonces, en cada tranvía viajaba un miembro de ese cuerpo de seguridad. Este dispositivo dio sus frutos: se pudo localizar al presunto autor de los hechos cuando se apeó del tranvía en la santacrucera plaza de Weyler. En el vagón iba una guardia civil que procedió al seguimiento de Meiers y alertó al resto de efectivos, distribuidos por la zona. La calle no era el sitio más adecuado para efectuar la detención, por lo que los agentes permitieron que el fugitivo continuara caminando por la calle del Castillo y entrara a un establecimiento comercial próximo a la calle Robayna, donde se realizó el arresto aprovechando que la tienda se encontraba libre de clientes y después de haber extremado al máximo las medidas de seguridad, con el fin de evitar la fuga.

Maris Meiers fue trasladado a los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil en Santa Cruz de Tenerife, donde se autoinfligió varios cortes en ambos brazos que le obligó a ser trasladado, en la madrugada del martes 26 al Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria. El jueves 28, el presunto asesino compareció, durante tres horas, ante el Juzgado número 2 de Granadilla de Abona, donde se decretó su ingreso a prisión en Tenerife II.

Amenazas vía SMS

Kristine Z., de 26 años y origen letón, trabajaba de camarera en un hotel de playa de La Arena, en Santiago del Teide, aunque era fotógrafa, a tenor de los datos aportados por personas cercanas a la joven. La víctima mantenía una relación con un joven de origen cubano y viajaba frecuentemente a su país de origen, donde residían sus familiares. La última vez que la joven visitó Letonia, con motivo de una boda, recibió constantes amenazas vía mensaje de texto SMS de su ex pareja, Maris Meiers, de 44 años. Sobre dicho individuo recaía una orden de alejamiento y protección sobre la afectada, que fue dictada por el Juzgado de Violencia del municipio de Arona, a finales de 2007.

Como si se tratara del personaje de la novela de Frederick Forsyth "El Chacal", llevada en dos ocasiones al cine con gran éxito, Meiers planeó su viaje a Tenerife de forma que dejara el menor rastro posible y con el único objetivo de acabar con la vida de Kristine Z. Para llevar a cabo el "vil asesinato", tal y como lo definió el subdelegado del Gobierno, el presunto agresor utilizó un disfraz de mujer. Maris Meiers entró legalmente en Tenerife, ya que poseía la tarjeta de residencia, expedida en Valencia. Antes, había trabajado en Barcelona y, actualmente, se encontraba entregando currículums para conseguir un empleo en Tenerife. En el momento del arresto, a la Guardia Civil le quedaban algunos flecos por cubrir, como localizar el arma y la ropa utilizada en el crimen, así como el lugar donde se alojaba el detenido. A tenor con los datos aportados por la Benemérita, Meiers residía en una habitación que arrendó a una mujer española en Los Cristianos. Asimismo, el coche que el presunto agresor dejó aparcado enfrente del domicilio de la víctima, había sido alquilado a un ciudadano sueco. El Instituto Armado declaró que el presunto asesino intentaba hacer una vida normal para pasar desapercibido y poder salir, posteriormente, de la Isla. El equipo de investigación encontró en el turismo, que Meiers pensaba usar para huir, anotaciones sobre Cabo Verde, así como una muda de ropa, documentación del vehículo y del arrestado.

Testimonios

Una vecina apuntó a EL DÍA que "la noche del miércoles 13 de agosto estaba sentada por fuera de su casa cuando un coche de color gris, que tenía varias pegatinas en la parte trasera y un golpe en la delante, pasó tres veces por la calle Rafael Alberti, como si estuviera buscando algo. El conductor era un hombre de unos 40 años, de tez blanca y pelo castaño con entradas", y negó que dicho individuo se pareciera a Maris Meiers, al que vio en una fotografía. Un chico comentó que, la noche del asesinato, vio a un varón en el interior de un vehículo gris que le dio "muy mala espina". Fue a tirar la basura y cuando volvió, a los cinco minutos, la joven letona ya estaba tendida en el suelo.

Varios vecinos expusieron a EL DÍA que "la víctima gritaba: "¡Ayúdame!", "¡déjame!", "¡policía!". Entonces, una señora encendió la luz de la escalera y el presunto agresor huyó corriendo y dejó abandonado el coche con las puertas abiertas".

"Maris Meiers vivía en un piso en Los Cristianos, al que no volvió más después del crimen", dijo un joven. "No podemos recuperar a Kristine, pero ahora sólo nos queda el consuelo de la detención del hombre que ha causado tanto daño", comentaron la pareja y los amigos de la víctima en la misa celebrada el viernes 22 en la parroquia del Carmen, en Guargacho. A la celebración, presidida por un retrato de la joven, acudieron 40 personas, autoridades incluidas. "Kristine era muy guapa, alta, rubia y ojos azules", dijeron.

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