COLPISA, S.Sebastián/Madrid
Arnaldo Otegi abandonó ayer, sobre las siete y media de la mañana, la prisión guipuzcoana de Martutene pletórico y arropado y jaleado por los principales dirigentes de Batasuna y la izquierda abertzale que quedan en libertad. Otegi, como si nada hubiese ocurrido en los 15 meses que lleva encarcelado, recuperó con naturalidad su papel de portavoz de Batasuna para reclamar al Gobierno "diálogo y negociación" como único camino para resolver el "problema político" vasco y alcanzar "un escenario de paz y democracia" en Euskadi.
El dirigente independentista, que respondió en francés con un "ya se verá" a la pregunta de si volverá a ser el rostro del partido ilegalizado, obvió en sus declaraciones los efectos sobre la política española de la ruptura de la tregua y el punto de no retorno provocado por el atentado de la T-4, y volvió a plantear como fórmula válida para alcanzar la paz la doble mesa de negociación. Mostró su convencimiento en que la resolución de los problemas políticos en el País Vasco sólo puede llegar en un escenario que "le permita decidir su futuro y, al mismo tiempo, dentro de ese proceso, se libere a todos los presos" de ETA y su entorno.
A las 7:27 minutos, Otegi, algo más delgado y vestido con una camisa blanca y unos vaqueros, atravesó sonriente y relajado la puerta de la prisión de Martutene, con su abogada Jone Goirizelaia cogida por los hombros. Ya había besado en el interior de la prisión a sus padres, su mujer y su hijo mayor, que se quedaron retrasados, a salvo de los flashes y las cámaras.
Exultante, con zancadas rápidas y el puño en alto se plantó en la calle, donde ya aplaudían y animaban algo más de medio centenar de dirigentes independentistas y amigos, al tiempo que reclamaban la liberación de los presos de ETA. Otegi, antes de atender a los informadores, comenzó a repartir efusivos abrazos mientras los congregados y un grupo de "txistularis" entonaban "La Internacional" en euskera y terminaban por cantar el "Eusko gudariak" (himno del soldado vasco).
Reencuentro emotivo
El reencuentro más emotivo, lágrimas incluidas, lo tuvo con Rafael Díez Usabiaga, ex líder del sindicato LAB y uno de sus principales apoyos en el fallido diálogo con el Gobierno. Pero allí estaban, además, fundadores de Batasuna como Pedro Solabarria, Txomin Ziluaga, Tasio Erkizia o José Luis Elkoro; dirigentes del partido clandestino como Iñaki Olalde, Antton Morcillo y Rakel Peña; el máximo responsable de Gestoras Pro-amnistía, Juan María Olano; la portavoz de ANV, Arantza Urkaregi; y amigos como el cantante Fermín Muguruza.
Otegi, que envío un "abrazo personalísimo" a todos los "compañeros" que siguen encarcelados, entre ellos la práctica totalidad de sus colegas de la Mesa Nacional de Batasuna, montó en un vehículo junto a su familia, Gorizelaia y otros dirigentes, y se dirigió al cercano Elgoibar, su lugar de nacimiento y residencia, donde paseó durante largo rato por el centro del pueblo, entre felicitaciones de bastantes vecinos. Su futuro inmediato es un posible homenaje de la izquierda "abertzale" la semana próxima y un viaje de vacaciones a Italia, si se lo permite la Audiencia Nacional.
Desde el PP, su secretaria general, Dolores de Cospedal, declaró que confiaba en que "la palabra de no negociar políticamente con ETA se cumpla".
La dirigente del principal partido de la oposición dijo que para asegurarse de que el Ejecutivo no rompe la condición que ha permitido recuperar el consenso antiterrorista, los populares estarán "vigilantes" y no permitirán que José Luis Rodríguez Zapatero se salga de esa la línea, que es la que conduce "a la derrota de ETA".
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