F. ALDUÁN, La Laguna
Si Manuel de Ossuna levantara la cabeza, seguramente no volvería a repetir aquel testamento hológrafo en el que legaba todos sus bienes al Ayuntamiento de La Laguna y que decía así: "Para que se conserve y no se deshaga todo... dejo a esta ciudad esta casa de mi habitación y residencia con todo lo que está dentro para que con el nombre de archivo, biblioteca y museo de la Noble Casa de Ossuna, se conserve en la forma que yo lo tengo... y que se abra al público culto de historiadores, escritores, literatos, investigadores y viajeros".
De aquello hace ya más de 50 años, y lo que un día fue luz y apogeo, hoy es oscuridad y pasado. Hubo un tiempo en que, tal vez, el deseo de Manuel de Ossuna casi llegó a hacerse realidad, pero lo cierto es que a día de hoy sus sueños están lejos de cumplirse.
Hace escasas jornadas, dos miembros del Grupo Municipal Socialista, Yeray Rodríguez y Silvia Maestre, alertaron sobre el mal estado del interior de la vivienda. Por el contrario, la concejala de Patrimonio, Cruci Díaz, cargó las tintas sobre el Ejecutivo central, acusándolo de falta de apoyo a la hora de conceder subvenciones para rehabilitar el edificio.
Mientras que para unos la Casa de Ossuna era la ruina personificada, para otros la vivienda sólo presentaba el deterioro lógico de años sin uso. Para la edil nacionalista, la situación de la vivienda se reduce a la poca generosidad del Gobierno de Zapatero, que este año derivó el 98 por ciento de la subvención destinada a actuaciones de remodelación urbanística a la Península.
Y claro, sin dinero no hay reformas. Y menos si éstas valen 1.800.000 euros, que es lo que costaría llevar a cabo el proyecto que ya tiene redactado el ayuntamiento para rehabilitar el edificio.
Por ello, Díaz apela al PSC para que "colabore con el Patrimonio de La Laguna implicando al Gobierno de Madrid". Además, "la gran cantidad de inmuebles catalogados en La Laguna hace que tengamos que priorizar nuestras inversiones", argumenta la concejala de CC.
Como cabía esperar de un asunto entre políticos, sobre la mesa dos versiones contrapuestas. ¿Quién tiene la razón? Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y a estas líneas acompañan seis fotografías. Que cada cual juzgue como le parezca. Este periódico estuvo dentro de la Casa de Ossuna y lo que vio es lo que aquí queda reflejado.
Visita a la Casa de Ossuna.- La fachada de la morada de los Ossuna es justa con su historia. De eso se encargó el ayuntamiento, que hace unos meses ordenó remozar su cara visible, la que da a la calle Juan de Vera, frente al Orfeón La Paz.
Pero por dentro la cosa cambia. Si por fuera presenta un aspecto saludable, el interior habla de un recinto, si no olvidado, sí menospreciado. No se entiende que un inmueble catalogado como Patrimonio de la Humanidad esté en gran medida apuntalado para impedir que yazca en el suelo.
A buen seguro que Manuel de Ossuna no intuyó nunca que 50 años después de su muerte la casa de sus padres y abuelos estaría así. Y es que la Casa de Ossuna está apuntalada en diversas dependencias. Concretamente, y según afirma el Plan Especial de Protección del Casco elaborado en 2005, la galería trasera está apuntalada porque "presenta problemas de flexión por sobrepeso".
Un sobrepeso añadido en el trastejado que se llevó a cabo en 1994 y que ha resultado más nocivo que beneficioso. Pero, además, también lo está una pequeña parte del ala situada frente al Orfeón La Paz por idéntico motivo.
Al acceder por la puerta de la Casa de Ossuna y adentrarse en su luminoso vestíbulo se siente algo parecido a esa sensación que sobrecoge al visitante cuando pisa los vestigios de aquello que un día fue glorioso. Según acaba el vestíbulo se descubre el gran patio, atestado de hierbas que compiten por ver cuál sube más arriba.
En medio de todo, el antiguo pozo cubierto de maderas y que irradia respeto por su oscuridad, más que por su profundidad; en el fondo, la luz se refleja en el agua.
En esta planta, cuyas vistas están dominadas por el majestuoso pino del patio trasero y los ventanales de las estancias superiores, se desarrollaba la actividad diaria de la casa.
La primera planta.- De ahí se accede a la primera planta por unas escaleras de madera franqueadas por una reja que impide el vuelo de las palomas, no sin antes detenerse en lo que un día pudo ser un servicio, hoy con un gran boquete oscuro en el techo.
El ala más próxima al Orfeón conduce a la primera planta, la cual presenta buen aspecto. Las maderas del suelo resisten los embates del tiempo y las ventanas polvorientas apenas dejan ver el otro lado de la casa.
A la izquierda de esta galería se sitúa el gran salón, quizás el único lugar de la Casa de Ossuna que todavía refleja la grandeza y la alcurnia del inmueble. Los colores cálidos del papel que decora la pared permiten adivinar una estancia acogedora, aún teniendo algunos jirones por aquí y por allá que afean ligeramente la impresión del visitante.
Al final del salón, en un pequeño cuarto, y cubiertos por plásticos, algunos muebles muy bien conservados. Pero ya está. Del ala más cercana a la calle San Agustín hacia el Orfeón no se puede pasar porque el peligro es serio. Los precintos lo impiden, los técnicos municipales lo desaconsejan y el sentido común dice que ya basta con lo visto.
Sin embargo, extraña la poca cantidad de objetos legados por Manuel de Ossuna encontrados hasta el momento. La duda la solventa la concejala de Patrimonio. "Los cuadros y demás cosas están guardados al otro lado", dice, refiriéndose a la galería apuntalada.
Ante la imposibilidad y el riesgo de seguir avanzando en la primera planta, se accede al granero, que también está apuntalado en sus extremos. El suelo habla a cada paso y las maderas, faltas de humedad, dejan entrever los haces de luz que penetran en la galería. A la izquierda, una gran estancia, muy oscura, que conduce al excelente balcón exterior de principios del siglo XX que domina la fachada. Arriba el calor es mayor y atendiendo a lo que se respira ahí se entiende que un noble como Manuel de Ossuna sólo usara las plantas inferiores.
Lo que dice el Plan Especial.- Por si las imágenes y lo descrito anteriormente no son información suficiente, allá va lo que dice el Plan Especial de Protección del Casco Histórico (PEP) en su análisis de la Casa de Ossuna en el año 2005.
Según los técnicos municipales, "el mármol del zaguán tiene grietas. La habitación revestida con papel está deteriorada y los solados están deteriorados por la lluvia y la humedad. El patio lateral está lleno de escombros y las paredes sin enfoscar. El horno de pan está en estado muy malo. La galería (trasera) está apuntalada porque presenta problemas de flexión por sobrepeso. Las vidrieras de las galerías están en mal estado y los muros portantes de la primera crujía presentan grietas, especialmente en las esquinas por el empuje del sobrepeso de la nueva cubierta".
Los técnicos municipales consideraron que la Casa de Ossuna presenta un estado de conservación media de entre el 30 y el 70%. En las observaciones explicaron que "la impermeabilización de los tejados aportó mayor peso, provocando problemas de grietas por sobrepeso en los muros de carga".
¿Deterioro natural o dejación?.- Del deterioro originado por el paso del tiempo, con sus lluvias, sus soles, sus rocíos, sus vientos y sus serenadas, nadie tiene la culpa. Es un acto natural contra el que sólo cabe anteponer medios técnicos y humanos, que a estas alturas del siglo XXI los hay en cantidad. Pero la cuestión es precisamente ésa, evitar que esto pase.
La Casa de Ossuna lleva, grosso modo, catorce años cerrada, exceptuando breves visitas como la que hicieron varios operarios municipales instantes antes de la llegada de la prensa. Se trata de poco tiempo si se compara con un edificio que, como bien afirmó Díaz, es Patrimonio de la Humanidad y que fue el legado de un hombre que por encima de lazos y afectos familiares antepuso su amor por la cultura y el arte: Manuel de Ossuna y Benítez de Lugo.
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