HAN TRANSCURRIDO ya casi dos semanas desde el trágico accidente del avión de Spanair en el aeropuerto de Barajas, y todavía no se ha establecido sin sombra de duda lo que ocurrió, ni por qué causas, ni con qué responsabilidades. Algo así era de presumir, y me parece que habremos de hacernos a la idea de que, finalmente, no tendremos más remedio que aceptar la hipótesis que las autoridades nos presenten como la más verosímil.
En cuanto a la identificación de los cadáveres, que es uno de los aspectos humanos relevantes en la administración de las consecuencias de la tragedia, hoy es todavía el día en que no se ha podido terminar con esta ingrata tarea, debido a sus obvias dificultades, aun contando con los últimos adelantos científicos y técnicos para este menester. Incluso se ha producido ya una confusión, a pesar de las extremas cautelas con que, desde el principio, se acometió la tarea de identificación de los restos carbonizados, sin duda bajo la presión de lo ocurrido cuando la tragedia del Yak 42 a su regreso de Oriente Medio.
Y lo que son las cosas: el Gobierno actual es del PSOE, el mismo partido que organizó un escándalo enorme entonces con este mismo asunto contra el Gobierno del PP que le precedió. Lejos de mí, naturalmente, la menor tentación de insinuar siquiera que en aquella ocasión se hicieron bien las cosas, porque no fue así. Lo que, sin embargo, es digno de destacarse es la diferencia entre la reacción de los socialistas entonces, y la de los populares ahora. Es una diferencia en el modo de actuar que ahorra al observador todo comentario adicional, aunque no me resisto a traer a la mente del lector un sencillo ejercicio adivinatorio: ¿qué habría ocurrido si ahora estuviese gobernando el Partido Popular? Y una última consideración: es evidente que la responsabilidad de lo que hace un Gobierno es del propio Gobierno; pero sigue vigente el dictum clásico según el cual la causa de la causa es causa del mal causado; aplicado a este Gobierno, vale la pena recordar que Rodríguez Zapatero y su Gobierno no han descendido de las nubes, sino que ha emergido de las urnas, que fueron llenadas por los ahora gobernados. Ésta es la vela que los votantes ahora han de aguantar los próximos tres años y medio.
El curso político
Pero la vida sigue, y la última semana de agosto obliga en cierto modo a establecer pronósticos sobre lo que nos vamos a encontrar cuando las vacaciones estivales sean ya un recuerdo. A este respecto, ya se han agotado todos los recursos cosméticos del Gobierno para maquillar la crisis económica, que avanza rápidamente hacia una recesión que parece imparable. La disminución del crecimiento del producto bruto es rapidísima, y en este tercer trimestre ya se ha reducido a unas décimas de punto, lo que permite temer que acabemos el año con ese eufemismo de los economistas llamado "crecimiento negativo", es decir, empobrecimiento del país en conjunto.
Vienen vacas flacas, y los consumidores así parecen haberlo advertido, porque la contracción del consumo y de la producción es ya inequívoca. Si añadimos a esto que la desconfianza de los ciudadanos hacia el Gobierno es grande, que somos los campeones de Europa en tasa de desempleo, que las arcas públicas se han quedado exhaustas entre la factura del petróleo y los 400 euros demagógicos y que, en consecuencia, sólo una subida de impuestos o un fuerte aumento de la deuda pública harán posible la atención a los parados y los demás servicios llamados "sociales", el panorama no puede decirse que sea precisamente halagüeño.
Pero hay más: es inevitable que el Gobierno se enfrente al célebre "sudoku" de la financiación autonómica, hoy en punto muerto con las exigencias de Cataluña, por un lado, y del resto de Comunidades de régimen común, por el otro, sobre la mesa. Algún día el Tribunal Constitucional caerá en la cuenta de que esa institución también tiene que cumplir la ley, y que ya lleva más de un año de retraso en dictar sentencia sobre asuntos sensibles como el Estatuto de Cataluña o la disparatada legislación sobre matrimonio civil. El curso empezará con decenas de miles de alumnos objetores a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, llamada de tres formas diferentes a lo largo de los distintos tramos de la enseñanza, se supone que para disimular. La lista de conflictos puede alargarse mucho más, pero valgan estos botones de muestra.
Es posible que algunos crean que al Gobierno le espera un otoño caliente. No lo creo yo así. El curso que ahora empieza va a ser duro, pero para nosotros, no para el Gobierno. Los sindicatos están anestesiados, y por este lado el Gobierno de Rodríguez Zapatero no tiene nada que temer, salvo que no tenga dinero público suficiente para seguirlos financiando. Por lo demás, las mayorías parlamentarias las tiene aseguradas, como se ha visto con toda claridad tras la amenaza del Tripartito catalán y CiU de no votar los Presupuestos para 2009: ha bastado una conversación entre Rodríguez y Saura para asegurarse el apoyo de los comunistas. Rodríguez tiene dónde elegir para encontrar apoyos a su política, e incluso a su falta de política. Si acaso, la única dificultad que tendrá será la de atribuir a Aznar la responsabilidad de todo esto. Pero ya se le ocurrirá algo.
Posdata
Las elecciones norteamericanas están poniendo de relieve el alineamiento de nuestros medios de comunicación, que parecen haber renunciado a contar al público lo que pasa, y se aplican a presentar las propias preferencias como si fuesen hechos. Esto es una vergüenza para la profesión, pero así están las cosas. La designación de la gobernadora de Alaska como candidata del republicano McCain a la Vicepresidencia ha sido el último espectáculo lamentable. Es posible que esta vez no haya más remedio que acudir a Internet para saber de qué van estos comicios.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD