En octubre Coalición Canaria puede, y debe, vivir un momento histórico, un punto de inflexión que estimule el avance de la mayor fuerza nacionalista de nuestro Archipiélago y que, por ende, puede marcar el futuro de las Islas. Coalición Canaria se enfrentará dentro de dos meses y medio a un proceso nada sencillo que debe aunar lo bueno, que es mucho, que ha dejado tantos años al frente de las instituciones públicas de Canarias y desechar, o dejar a un lado, los errores, creo que graves, que se han cometido, sobre todo, en los últimos tiempos. Sin duda, en cuanto a lo segundo está claro que ha sido el vaciado ideológico de nuestro mensaje o, quizás sea más correcto, la falta de interés por establecer un marco ideológico y político con objetivos claros lo que ha hecho que más allá de unas siglas la ciudadanía haya abandonado el interés por nuestra formación. En la maleta de los errores es indudable que la falta de capacidad para cohesionar a todas las fuerzas nacionalistas también ha pasado factura, pero si bien ese debe ser un objetivo a medio o largo plazo, lo primero que hay que hacer es ordenar la casa propia para luego invitar a compartirla con los vecinos. Y en ese zafarrancho congresual de octubre es donde creo que Coalición Canaria debe eliminar una parte de esos errores.
Es el momento justo porque, si bien es cierto que el apoyo electoral ha descendido en algunas partes del Archipiélago, en otros se mantiene; eso sí, el mensaje no está logrando que se adhieran a él las nuevas generaciones de canarios. Estoy de acuerdo, por tanto, con otros dirigentes de CC en que es preciso un relevo generacional -que no quiere decir que haya que deshacerse de nadie- en los órganos de gestión del partido, pero ese relevo no se debe producir sin que vaya acompañado de un nuevo marco que contemple qué nacionalismo es el que defiende Coalición Canaria y cuáles son los objetivos políticos -y no sólo de gestión de las instituciones- en el actual estado de las autonomías del Estado español. No es baladí ese posicionamiento toda vez que, precisamente en estos momentos, se está produciendo un importantísimo cambio en la relación Estado-Comunidades Autónomas y cuyos primeros indicios son la negociación de la financiación que quiere plantear Cataluña unilateralmente y la posibilidad de que en Euskadi se convoque una consulta popular para determinar la vinculación vasca con el Estado. Indudablemente, la situación en Canarias es distinta, pero eso no quiere decir que no haya los mismos o más argumentos para, por lo menos, replantear la relación Canarias-Estado dentro del marco constitucional actual que, por cierto, el mismo Gobierno central no descarta modificar en un futuro cercano y cuya interpretación se ha forzado al máximo para dar encaje a propuestas como las que se han aprobado en el seno del Estatut catalán.
De un congreso como el que CC tiene previsto convocar en octubre no sólo deben salir caras nuevas, sino ideas que transmitan a los ciudadanos que la política sirve para algo más; que no se trata únicamente de gestionar ayuntamientos, cabildos o gobiernos autonómicos, sino que también los políticos nacionalistas estamos para que Canarias, esa nacionalidad que reconoce la Constitución española, tenga un futuro mejor, una relación con el Estado más ventajosa para los canarios y una capacidad mucho mayor para decidir su destino. Muchos de ustedes se preguntarán qué es lo que hay que hacer, por tanto, para hacer todo eso que esperemos quede plasmado en un documento ideológico-político a finales de octubre. Tengo mi propia visión que llevaré hasta ese congreso, pero ya les adelanto que no dista mucho de lo que la gente en la calle me transmite y que se basa, fundamentalmente, en la necesidad de que en las Islas se obtengan mayores cotas de autogobierno. Es más, algunas de las propuestas e ideas que seguro serán apoyadas por todos se basan en la lógica, en el sentido común que se crea en torno a una sociedad madura, democrática y europeísta como es la canaria. Los canarios están cada vez más preparados, más atentos a lo que ocurre a su alrededor y que afecta a sus vidas; los canarios, cada vez más, nos sentimos preparados para mirar cara a cara a cualquier otra comunidad, sea histórica o no, del Estado español. Y esas ansias de ser parte de una España de primera y no de segunda es lo que los nacionalistas canarios debemos hacer realidad. Puede que el primer paso se dé en octubre.
* Alcalde de Santa Cruz y diputado en el Parlamento de Canarias
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