RAFAEL BARRETO, Icod
Los vecinos del barrio de Santa Bárbara de Icod de los Vinos cumplieron ayer con su tradición secular de la traída de la rama del monte. Una costumbre con la que se recuerdan los tiempos de la escasez y la penuria de la posguerra, y de la pervivencia de una actividad de calado económico del ámbito rural, donde primaba el ingenio para la obtención de la leña y el pinocho, muy apreciados por las familias del campo y del pueblo. De esta manera, se mantenía limpio el monte, según cuenta un vecino del barrio, que se lamenta de que ahora no haya tanta facilidad para la recolección de la pinocha y porque la ganadería está en decadencia. No obstante, el verdadero significado de la traída de la rama consiste en que se utilizaba como adorno y resguardo para las ofrendas de los cestos y los bollos, que tienen lugar una semana más tarde, es decir, el próximo sábado.
La comisión organizadora de esta singular expresión etnográfica isleña había previsto para el sábado su realización, en atención a la antigua costumbre de evitar que coincidiera con el día 24 de agosto, por lo que siempre se le adelanta la fecha, para eludir subir al monte, porque según una antigua creencia popular, por San Bartolomé, "la diabla anda suelta" y se corre riesgo de sufrir alguna desgracia. Este hecho reviste gran alegría y los habitantes del lugar se aprestan a subir al monte para tomar las hayas y bajarlas a la plaza. Sin embargo, a raíz de la tragedia de Barajas del miércoles de la semana pasada, se decidió cambiar la fecha y fijar la subida al monte para recoger y traer la rama el domingo (ayer).
Arraigo popular
Una costumbre de gran arraigo y de gran colorido es la subida de los Giles, cuyo recorrido comprendió hasta el caserío de Los Eres, que se erigió en lugar de encuentro y desde donde partió la comitiva en romería hasta la plaza para la bendición de la rama.
La comitiva de la fiesta solía tener permiso para ir al monte a recoger la rama. En los años de posguerra, caracterizados por las penurias y miserias de la población, se les unía gente que diariamente iba al monte por pinocha o leña para subsistir. El pinocho y la leña se camuflaban con la rama por fuera y algún vecino, según se recoge en la obra, como en el Pino Valois, solía invitarlos a un vaso de vino y algo de comida, por lo que, además de eso, era otro motivo para que alguno se adhiriera a la comitiva y portara la rama al hombro. Si el día que se iba a buscar la rama caía un 24, día de San Bartolomé, se dejaba para el día siguiente, porque ese día estaba la "diabla suelta".
La rama la bajaban en ocho o diez bestias mulares y muchos al hombro. Se cita a vecinos del lugar, entonces: Sinforiano Luis, Manuel García, Rafael Dorta, Federico Agüen y Domingo Rosquete, entre otros. Éstos subían con sus animales a los montes de propiedad particular, a Los Chiqueros, y a la Casa Forestal más tarde. Pasado el medio siglo XX, según cuentan, "las hayas daban olor. Salíamos temprano y se llevaban unas botellas de aguardiente, parra y caña. Ese día el que daba la comida a las personas que fueran a buscar la rama se quedaba con ella al finalizar la fiesta. Durante el trayecto había alguien que nos brindaba con algo, en el Pino Valois. Siembre venían personas que traían dos palitos al hombro para poder entrar en el convite. Ese día se aprovechaba para bajar el pinocho camuflado con ramas".
"Como al monte tenía que ir todo el mundo si quería comer -según se narra en la obra "Relatos para la historia de un barrio. Santa Bárbara", de la comisión de Fiestas- aprovechaban para ir las mujeres, que alegraban el trayecto con sus cuentos y canciones. Había comunicación y camaradería entre la gente".
El recorrido de la bajada de la rama se inició en la Casa Forestal de La Guancha, pasadas las cuatro de la tarde, para luego seguir hacia Los Giles, desde la carretera vieja, ascender al Camino de Castro, bajar hacia Santa Bárbara y subir hacia El Amparo y retornar a la plaza de Santa Bárbara. El trayecto comprendió el caserío de Llanito Perera.
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