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España(31+30+21+25): Rubio (6), Navarro (18), Jiménez (12), Reyes (10), Pau Gasol (21) -cinco inicial-, López (-), Garbajosa (3), Rodríguez (2), Marc Gasol (11), Mumbrú (2) y Fernández (22).
Estados Unidos(38+31+22+27): Kidd (2), Bryant (20), James (14), Anthony (13), Howard (8) -cinco inicial-, Williams (7), Wade (27), Bosh (8), Paul (13), Boozer (-), Redd (-) y Prince (6).
ÁrbitrosBrazauskas (LTU), Estévez (ARG) y Jungebrand (FIN). Eliminado Rudy Fernández. Señalaron técnica al banquillo español por protestar (m.40) y, a continuación, a Ricky Rubio, por el mismo motivo (m.40).
IncidenciasFinal del torneo masculino de baloncesto, disputado en el pabellón Wukesong ante unos 18.000 espectadores. Los jugadores de la selección española lucieron unas camisetas encima del uniforme de juego antes de empezar el partido con una leyenda en chino que ponía "Calderón también lucha con nosotros". La Duquesa de Palma, Cristina de Borbón; Mercedes Cabrera, ministra de Cultura; Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte; Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español; José Luis Saez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, y David Stern, presidente de la NBA, presenciaron el encuentro desde el palco.
EFE, Pekín
Los Estados Unidos recuperaron el oro olímpico ocho después de subirse por última vez a la cumbre olímpica con un metal revalorizado por la impresionante actuación de España, la selección campeona del mundo, que exigió lo máximo de las estrellas de las barras y las estrellas para ceder la cima de los Juegos en un encuentro sin calificativo posible.
Descomunal final olímpica. Descomunal. El marcador del intermedio: 61-69, 130 puntos en un tiempo. Los dos banquillos habrían disfrutado de una renta inalcanzable en ese momento contra cualquier rival. Pero España y los Estados Unidos depararon un encuentro fuera de todo canon establecido. Un regalo para la vista, un orgullo para el baloncesto.
La excelencia de Dwayne Wade o las filigranas de Rudy Fernández ante su próximo entrenador en los Trail Blazers de Portland, Nate McMillan. Y España sin José Manuel Calderón, baja por lesión. Y Ricky Rubio, lunático, que se hizo daño en un dedo en el primer cuarto.
Como si nada. Los campeones del mundo son los campeones del mundo. Y los profesionales de la NBA, los mejores profesionales de la NBA, no las cuadrillas indisciplinadas y soberbias que han menospreciado la altura de otras selecciones en campeonatos anteriores, también representan la élite de la élite.
El partido de la primera fase, que acabó en un monólogo estadounidense (119-82), era historia. España, la de verdad. No el equipo que renunció a mostrarse en todo la extensión en aquel choque. Y gracias a Wade, que irrumpió en la pista como un ciclón (veintiún puntos en 13.10 minutos antes del intermedio), los Estados Unidos pudieron moverse al mismo ritmo que una España sideral.
Desde luego, sin Wade y sin el ocho de catorce en triples que los norteamericanos engancharon en los dos primeros cuartos, el oro se habría teñido de rojo y amarillo, de Pau Gasol y de Felipe Reyes, de Ricky Rubio y de Carlos Jiménez.
El objetivo de los hombres de Aito García Reneses apuntaba a un último cuarto igualado.
El tanteador dio fe de una contienda que los españoles manejaron de maravilla. Por algo son reyes del mundo, como Pau Gasol rey de los anotadores de Pekín 2008 (... puntos por delante del argentino Luis Scola, que ha firmado 151 tantos). Por algo, Ricky Rubio es el medallista masculino más joven de la historia.
Las cosas discurrieron sin prisa, pero sin pausa. España tuvo la inteligencia de pensar en si misma. De creer en el baloncesto que le ha dado tres finales consecutivas (Mundial 2006, Europeo 2007 y Juegos 2008).
Stephon Marbury aniquiló a la selección española en los cuartos de final de Atenas 2004 desde el triple. En Pekín pudo suceder algo parecido sólo que con un nombre distinto, el de Wade, pero España compitió al nivel de las grandes estrellas de la NBA.
Porque la selección española no es la selección de Europa. Un bloque de europeos con algún que otro americano procedente de Argentina, por ejemplo, sería igual o mejor que el conformado por los norteamericanos para recuperar el oro que no ganaban desde Sydney.
Con 99-104, Kobe Bryant, la categoría humana y la dimensión baloncestística que le engalana, se elevó desde el arco y firmo el duodécimo triple del equipo de Mike Krzwezsky en veintiséis intentos.
Carlos Jiménez apareció frente al otro aro para anotar el 104-108. Faltaban poco más de dos minutos hasta el final. Y volvió Wade (104-111 a 2.02 minutos). España podía lanzar con cada falta personal. Los americanos no. Navarro forzó personal en cuanto España regresó al ataque (105-111).
Un excelente movimiento de balón dejó a Jiménez con un triple abierto, pero el balón no entró. Bryant reclamó de nuevo los galones y convirtió un doble (105-113). Y entonces sí, entonces se acabó la final, una de las finales más maravillosas de la historia.
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