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NUESTRA GENTE (LXXXV). EL HIERRO, PUEBLO A PUEBLO

Pascual García, desde Sabinosa a Venezuela

25/ago/08 07:21
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Y regresamos a El Hierro de la mano de Cirilo Leal, periodista y compañero que nos acerca a otra fuente oral de la Isla del Meridiano, Pascual García.

Este herreño nace en 1919 en el pueblo de Sabinosa, tierra en la que ha construido toda su vida, protagonizada por las penurias sufridas durante su infancia y su obligada participación en el conflicto bélico que soportó España en los años treinta.

Nuestro protagonista asegura que creció en un pueblo pequeño, con poco que contar más que una realidad social muy dura. Pascual recuerda que en la Sabinosa que vivió su niñez no había luz y agua. "Todos éramos conscientes de la miseria de todos y gracias a la convivencia salimos adelante", comenta.

Este herreño reconoce que las penurias vividas sirvieron a los niños de esa época para agudizar la mente. "Los juegos de niño eran fruto de la destreza y el ingenio, más que otra cosa". Nuestro protagonista rememora viejos tiempos y nos acerca a los juegos con los que "los niños de la época olvidábamos las penas". El boliche, el salto del inglés, el salto de la pina, el juego de la gatiba? son algunos de esos juegos con los que niños y mayores de Sabinosa se mantenían unidos.

La Guerra Civil

La Guerra Civil española estalló cuando Pascual se aproximaba a la mayoría de edad. "Cumplí los 18 años en una vaguada de la batalla de Teruel". La juventud de nuestro protagonista lo condujo a ser movilizado, guardando horrorosos recuerdos de "una tragedia que nunca debió ocurrir y que quiera Dios que no vuelva a repetirse", afirma.

Pascual salió de su tierra con 17 años y retornó cuando superaba los 24, siete años movilizado en una guerra "a la que nunca deberíamos haber ido".

Fueron muchos los canarios que, como Pascual, eran movilizados al frente peninsular.

Pascual no olvida la alegría que sentía cuando en el frente conocía a algún vecino de las Islas. "Todos llevábamos unas cazadoras de color medio amarillo acanariado. A muchos los conocía por la noche y al día siguiente ya estaban muertos". Así nos explica la verdadera realidad de la dureza de la guerra.

Finalizada la guerra, Pascual fue destinado a Santander, tierras cántabras en las que permaneció hasta que lo movilizaron al continente africano. "En África querían que me hiciera artificiero profesional, me licenciaron y retorné a casa desde que pude". Poco tiempo tuvo para olvidar la guerra, ya que Pascual sería nuevamente movilizado a causa de la Guerra Mundial, aunque en esta ocasión fue destinado al litoral herreño para controlar posibles desembarcos ingleses. "Cada barco o avión que divisáramos teníamos que comunicarlo, sin saber o no si eran enemigos, por ello digo que fueron cinco años de pantomima".

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Pascual contrae matrimonio y continúa una vida sumido en las penurias cotidianas, aún más con la sequía que azotó las Islas en esa época. "La escasez de agua vino a agravar la situación, impulsando la emigración masiva hacia Venezuela", recuerda Pascual.

Este hombre de Sabinosa se vio obligado a dejar la Isla en busca de un trabajo digno, instalándose en Las Palmas y dedicándose al mundo de la hostelería. Pascual comenzó trabajando en el parque Santa Catalina, para luego trasladarse a un nuevo bar, El Rayo, propiedad de una familia originaria de El Hierro, Los Villarreales. "En aquella época conocí el cambullón que, aunque fuera ilegal y prohibido, era lo que permitió comer y subsistir a muchos canarios. Los cambulleros más famosos de la época eran Los Mentados".

Durante su estancia en Las Palmas, Pascual afirma que salieron muchos veleros clandestinos hacia Venezuela. "Esperaban la medianoche para eludir a la Policía, recuerdo como los hombres merodeaban la zona, tomando café y copas para hacer tiempo y salir". Aunque Pascual nos explica que de entrada no se planteó embarcarse en un velero camino de América, reconoce que en 1951 no le quedó más remedio que irse a Venezuela: "La situación en las Islas cada vez era más complicada, a partir del año 1950 comenzó a legalizarse la emigración y embarqué un año después".

De esta forma, nuestro protagonista arribó a comienzos de los 50 en territorio venezolano. Fue admitido en La Guarida, una especie de comuna de herreños en la que todo se compartía entre compañeros, "era una casita alquilada donde se preparaba la comida, se dormía y se compartían gastos, ilusiones y desvelos", comenta.

Pascual pasó muchos años en Venezuela, un país que recogió a los canarios para ofrecerles una nueva vida. La historia ahora se repite, pero en este caso es a Canarias y a España a la que le toca acoger a los inmigrantes que esperan hallar en nuestra tierra los anhelos soñados.

Nosotros nos vamos hoy, pero el próximo lunes regresaremos a El Hierro de la mano de Cirilo Leal. Les esperamos. DOCUMENTACIÓN: CIRILO LEAL E ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA.

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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