HE SENTIDO, como todos los canarios y todos los españoles, el trágico accidente del miércoles en el aeropuerto de Barajas, de Madrid, y después he tenido horas de información donde se han repetido muchas veces las mismas noticias, como era lógico que sucediera. Desgraciadamente -no por mí, que sólo hago comentarios para publicar, sino por los desgraciados que han muerto o han resultado heridos en los trances-, he asistido, en cumplimiento de mi oficio de periodista, a la totalidad de los accidentes de aviación que se han producido en Tenerife; unas veces, como periodista raso y otras desde los puestos de responsabilidad que he desempeñado en la Redacción de este diario. Asistí e informé del desgraciado accidente del "Super Constellation" de la línea regular de Iberia, cuando estaba en obras el aeropuerto de Los Rodeos. He estado en el accidente del DC-9, también de Iberia, en una finca de El Ortigal, que fue el más espectacular, porque las tripas y los miembros de la gente quedaron colgando de las ramas de los árboles; asistí al del "Conver Coronado" y al del DC-9 de La Esperanza, donde viajaba el ministro de Trabajo, que resultó ileso; informé pero no asistí al lugar en que se produjo el accidente en la montaña que limita Los Rodeos por la parte opuesta al Monte del Púlpito, que era extranjero y vino con turistas, pero no estaba en Tenerife, porque me encontraba en una convención de Trasmediterránea en Madrid, durante el choque de los dos "Jumbos" de la pista de Los Rodeos, que ha sido el accidente donde han muerto más pasajeros de la historia de la aviación. Esta información que, a veces, no venía al caso, al contrario, se contradecía con citas anteriores de seguridad, se repetía con frecuencia.
Como practicar me ha hecho ser extraordinariamente sensible a estos accidentes, he notado desde el principio, en el reciente accidente de Spanair en Barajas que, pudiendo omitir recuerdos desagradables, los locutores e informadores recordaban con insistencia que en Los Rodeos se produjo el accidente con mayor número de víctimas, más de 520 muertos, de la historia de la aviación comercial. Eso, por un lado. Por otro, los informantes insistían en que el avión era el vehículo más seguro para viajar, lo que parecía contraproducente a la vista de lo ocurrido esa tarde en Barajas. Era fácil deducir que esa propaganda la insinuaba la propia Spanair, aunque el avión, con 15 ó 20 años de vuelo, tenía un fallo que notó todo el pasaje y, al parecer, fueron muchos factores los que contribuyeron al accidente, que no se explicaban algunos pilotos veteranos que comparecieron en la TV.
Espero, como todo el mundo, por la investigación de las causas, pero creo, para mí, que se verá en la investigación que el accidente, como admitieron los pilotos veteranos, pudo evitarse. Y espero que el Gobierno investigue y corte de raíz la crisis que se están inventando las empresas; que, cuando Iberia, que era la compañía de bandera, estábamos todos más tranquilos.
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