ÓSCAR MARTÍN, S/C de Tenerife
Es una vecina de Santa Cruz. Es catalana, tiene 51 años y está separada con dos hijos. Pero el rumbo de la vida la ha llevado hasta una cueva situada en la capital. A las 14:00 horas del pasado viernes, EL DÍA detectó que dos personas, Susana Pociellos y su vecino, residen bajo unas condiciones infrahumanas, una imagen que, cuando menos, parece propia del tercer mundo. Pero es la realidad y ocurre en plena capital.
Susana está desamparada. Recibe a este periódico a la hora del almuerzo, se dispone a preparar una ensaladilla a su gusto, ofrece una taza de café y relata la historia de una persona sin rumbo. "Me tuve que escapar de mi casa por un problema de malos tratos. Tengo depresión", asegura, mientras adelanta que al lado de su cueva, en otra colindante, vive su amigo José, un chicharrero al que el destino, al igual que Susana, lo ha llevado hasta un barranco. Esta vecina, que deambula por las calles del barrio, cobra una pensión no contributiva de 328 euros y ha recibido ayuda por parte de Cáritas Diocesana.
Susana Pociellos, pese a todo, se considera una luchadora y, de hecho, acude con frecuencia a las dependencias del Ayuntamiento de Santa Cruz. Ha estado tanto en Servicios Sociales como en Viviendas Municipales. Y es que esta madre de dos hijos ha solicitado, en innumerables ocasiones, ayudas de subsistencia para poder alimentarse.
Bien es verdad que las recibe, "pero de en año en año. Todavía no me ha llegado la ayuda que me concedieron el 22 de agosto del año pasado", mantiene. Y tan sólo se trata de una ayuda económica de 90 euros. Pero también es verdad que, y siempre según su relato, a principios de año recibió la del año anterior. "He estado toda mi vida trabajando. Si mi madre supiera cómo vivo, se moriría", traslada Susana mientras piensa. La protagonista de esta desagradable historia quiere trabajar, reclama una vivienda, "como cualquier persona, no somos animales". Esta madre denuncia, sin embargo, que lleva mucho tiempo esperando, aunque ya "estoy en la lista. Por lo menos tengo puntuación. Me están valorando", afirma.
Susana convive con sus dos perros, son mascotas de compañía, no tiene agua, "las garrafas me cuestan mucho dinero", y en los tiempos de soledad, o sea, casi todo el día, dedica su tiempo a la lectura y escucha la radio con mucha frecuencia. Susana llegó a solicitar, incluso, ayuda del Diputado del Común. Mientras, esta desfavorecida seguirá viviendo en el interior de una húmeda y desolada cueva situada en medio de un barranco de la capital.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD