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CASIMIRO CURBELO *

Canarias está de luto

24/ago/08 02:41
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HOY TERMINA el luto oficial decretado por el Gobierno como consecuencia del dramático accidente aéreo que se produjo el pasado miércoles en el aeropuerto de Madrid Barajas, pero el dolor y la impotencia permanecerán en la memoria colectiva de todos y cada uno de los canarios, a los que la tragedia nos ha tocado un poco más de lleno que al resto de los españoles, pues el destino del avión siniestrado no era otro que nuestro Archipiélago y en el aparato perdieron la vida muchos, demasiados, de vecinos nuestros.

Ante la catástrofe siempre sobran las palabras; difícil es encontrar unas frases de consuelo, y de poco puede servir todo aquello que digamos. Sin embargo, tampoco es posible pasar por alto un suceso como el que ha tenido lugar esta semana, y al que los familiares de los fallecidos tardarán mucho tiempo en adaptarse. Vaya, pues, por delante, y por encima de todo, la solidaridad y las condolencias del pueblo gomero con todos los afectados.

Una profunda tristeza se apoderó de todos nosotros el pasado día 20 y aún no hemos logrado desprendernos de ella. No es para menos. El gomero, igual que todos los canarios, está obligado a utilizar irremediablemente el avión. Nuestra condición de isleños nos impone este medio de transporte, generalmente bastante seguro pero, tal y como se demostró una vez más hace escasos días, no libre de siniestros.

El suceso que se produjo en el aeropuerto de la capital de España, cuando un avión intentó emprender rumbo a Las Palmas de Gran Canaria fue el mayor drama aéreo de Europa en las últimas décadas. Según los primeros datos, el motor izquierdo de la aeronave explotó, lo que provocó que se saliera hacia la derecha de la vía, se incendiara y se desintegrara prácticamente por completo. Informes posteriores apuntaron que el avión estalló en la pista, después de rebotar y avanzar contra el pavimento, pero hasta que se analice en profundidad el contenido de las cajas negras, recuperadas algunas horas más tarde, no se sabrá con certeza qué ocurrió en el aparato, un modelo McDonald Douglas (MD)-82 con 15 años de vuelo, incluido por la compañía Spanair en un plan de renovación de flota que nunca llegó a producirse.

Habrá que esforzarse para dilucidar cómo y por qué pasó todo, pues saberlo será la mejor manera para intentar evitar que algo parecido vuelva a suceder, pero eso no disminuirá la pena que sienten las familias, los amigos y los allegados de las más de 150 personas que ya no están con nosotros, igual que tampoco lo están aquellos 500 pasajeros y pasajeras que perdieron la vida en otro terrible accidente aéreo que afectó a las Islas, y que tuvo lugar en el aeropuerto de Los Rodeos, Tenerife Norte, en 1977, o los que han muerto en otros accidentes.

Aun con todo, estas dramáticas cifras no nos deben llevar a pensar que el transporte aéreo resulta especialmente peligroso. En 2007 transitaron por los aeropuertos españoles 208 millones de viajeros y tenemos que sumar los últimos 30 años para superar el millar de fallecidos en siniestros de avión producidos en nuestro país.

El transporte aéreo es, junto con los medios marítimos, la columna vertebral del desarrollo de Canarias, como en cualquier archipiélago. Abandonemos, por tanto, los temores o las disputas inútiles, las rencillas y las búsquedas de chivos expiatorios para volcarnos en la atención a los afectados y apostar de verdad por el mejor modelo posible y entre todos lograr el progreso, el desarrollo y la mejora en la calidad de vida que se merecen todos y cada uno de los canarios.

Los residentes en las Islas no podemos renunciar a volar pese a esta terrible tragedia, que ha golpeado la conciencia y los sentimientos de la colectividad, y en el que las víctimas podríamos haber sido cualquiera de nosotros o cualquiera de los turistas que escogen nuestra tierra para disfrutar de unas merecidas vacaciones, como lo hicieron los extranjeros que también viajaban en el avión incendiado el miércoles, y que desgraciadamente no podrán cumplir sus propósitos.

Es necesario también resaltar la labor que realizaron los servicios de emergencia, así como la colaboración y las muestras de apoyo que desde el primer momento, y como no podía ser de otro modo, mostraron instituciones y colectivos públicos y privados. Y es imprescindible, además, que apostemos por una mayor y mejor seguridad, puesto que aunque nada ni nadie está a salvo de fallos humanos o mecánicos, debemos esforzarnos cada día para acabar con cualquier mínima posibilidad de error.

Tenemos que seguir adelante; exigir más garantías; mejor gestión y todos a una trabajar para que la vida gane terreno, ya que este será, sin lugar a dudas, el mejor homenaje que podamos rendir a la veterinaria que trabajaba en el Servicio Canario de Salud, a la vez que en otros organismos como el Matadero Insular gestionado por el Cabildo de La Gomera, los compañeros socialistas de Gran Canaria y todos los que se subieron a aquel avión pero no pudieron bajarse.

* Presidente del Cabildo de La Gomera

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