EUROPA PRESS, Madrid
La médico Ligia Palomino, una de las 19 supervivientes del accidente de avión ocurrido el miércoles en el aeropuerto de Madrid-Barajas, fue capaz de diagnosticarse sola en medio del desastre, de reconocer las voces de sus compañeros del Samur, de llamarlos por su nombre y de explicarles cómo debían tratar sus heridas.
Así lo relató ayer en el Hospital de la Paz su compañero del servicio de urgencias (SAMUR) Ervigio Corral, quien destacó que la actitud de Ligia en medio de los cadáveres y el campo quemado fue "un soplo de esperanza".
Según explicó, tras el choque del avión y en medio de las llamas, Ligia pudo diagnosticarse las lesiones causadas, escuchó la llegada de sus compañeros del Samur, reconoció las voces de algunos conocidos, los llamó por su nombre, y les dijo lo que tenía y cómo debían tratarla. "Dentro de lo terrible que era aquello, fue un soplo de esperanza", comentó.
Ligia permanecía ayer ingresada en el hospital Ramón y Cajal de Madrid donde fue intervenida de su fractura de fémur izquierdo. Evoluciona favorablemente y ya está en una habitación de planta.
No obstante, no es la única miembro del Samur que viajaba en el avión de Spanair que se estrelló en Barajas. José Pablo Flórez García, un técnico de emergencias de 29 años, está peor, ya que presenta fracturas costales y traumatismo torácico con hemoneumotórax. En cualquier caso, Corral se mostró esperanzado, ya que la evolución es muy favorable.
En declaraciones a los periodistas, Corral explicó que en estas catástrofes los miembros del Samur no tienen tiempo para pensar haciendo horas ininterrumpidamente. "Es cuando llegan a casa, cuando vuelven a aparecer las imágenes a su cabeza", apuntó el responsable del SAMUR.
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