UNA DAMA griega le da fuego -en el antiguo teatro de la ciudad de Olimpia- a la antorcha que anuncia la celebración de los Juegos de Seúl' 88, el Polisario acepta las condiciones de la ONU para celebrar el referéndum en el Sáhara, el IPC de julio obliga a revisar al alza el objetivo anual de la inflación... Los tres titulares que encabezan este artículo son del siglo XX, pero, si prescindimos de los muros cronológicos que los encorsetan en la historia, los tres podrían colarse en las páginas de un periódico cualquiera del 23 de agosto de 2008.
Hace 20 años, posiblemente, un lector hubiera confundido el euro con un nuevo producto de la industria conservera Eureka, contratar una semana de vacaciones en Madeira era posible por 35.000 pesetas, una apuesta de la Quiniela sólo costaba cuatro duros. Por ahí, en la faceta puramente económica, empieza a fracturarse el contenido de una de las letras más conocidas de Julio Iglesias, en la que el protagonista del concierto de hoy venía a decir que "la
UNA DAMA griega le da fuego -en el antiguo teatro de la ciudad de Olimpia- a la antorcha que anuncia la proximidad de los Juegos de Seúl' 88; el Polisario acepta las condiciones de la ONU para celebrar el referéndum en el Sáhara; el IPC de julio obliga a revisar al alza el objetivo anual de la inflación... Los tres titulares que encabezan este artículo son del siglo XX, pero, si prescindimos de los muros cronológicos que los encorsetan en la historia, los tres podrían colarse en las páginas de un periódico cualquiera del 23 de agosto de 2008.
Hace 20 años, posiblemente, un lector hubiera confundido el euro con un nuevo producto de la industria conservera Eureka, contratar una semana de vacaciones en Madeira era posible por 35.000 pesetas, una apuesta de la Quiniela sólo costaba cuatro duros. Por ahí, en la faceta puramente económica, empieza a fracturarse el contenido de una de las letras más reconocidas de Julio Iglesias, en la que el protagonista del concierto de hoy venía a decir que "la vida sigue igual...". Sin entrar a valorar lo que han tenido que desembolsar Rolo Producciones, la firma "Santa Cruz más Viva" del consistorio capitalino y el Cabildo para contratar sus servicios dos décadas después, lo que sí está más que publicado son los más de 30 millones de las antiguas pesetas que por aquel entonces cobró el hijo del doctor Iglesias Puga por cantar en el Rodríguez López. El artista se hospedó en la "suite" principal del Botánico y los asistentes al concierto abonaron entre 2.500 y 9.000 pesetas, dependiendo de la posición señalada en sus localidades. Lo que no se ha movido ni un solo centímetro, que es lo mismo que decir que continúa congelado en el tiempo, es el conflicto saharaui.
Julio Iglesias es el cantante de los récords, una especie de versión española del Frank Sinatra neoyorquino que cada vez que abre la boca exhibe su marca al mundo. Un compositor que se pasea por el Libro de Guinness con una facilidad pasmosa. En 40 años dio más de 5.000 conciertos en directo, grabó en 14 idiomas, ganó unos 2.600 discos de Oro y Platino, pulverizó los mejores registros de taquillas existentes antes de que él actuara y es el dueño del único Disco de Diamantes que se ha concedido en la historia de la música. Lejos de los escenarios, su vida también está repleta de acontecimientos que alimentaron a la siempre sedienta prensa rosa. Y es que Julio Iglesias ha sido más de 1.500 veces portada en una revista del corazón.
Pero entre tantos números, la vida le puso una prueba que en su última actuación a la Isla, por ejemplo, todavía no se veía en el horizonte. Su hijo, Enrique Iglesias, se ha convertido en una alternativa en algunos mercados en los que antes nadie conseguía hacerle sombra. En eso, sí que la vida no sigue igual.
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