ME COMENTABA alguien anteayer que la catástrofe aérea de Madrid quizá ha sido el mayor golpe para Canarias, en cuanto a número de víctimas isleñas, desde que un huracán hundió al "Valbanera" en su travesía de Santiago de Cuba a La Habana. No he tenido ganas de comprobarlo. En cualquier caso, 71 muertos son muchos muertos; los suficientes para que el dolor desquicie a sus familiares. Por ahí, toda la comprensión del mundo. Sin embargo, algunas manifestaciones verbales para exteriorizar esa angustia no son admisibles. Valen en una plaza pública, en una iglesia, en un velatorio y hasta en la consulta de un psicólogo, pero no en un medio de comunicación. No critico al padre o la madre que ha perdido a un hijo, ni el hermano que ha perdido a otro hermano, ni a la hija que se ha quedado sin uno de sus progenitores o sin los dos. Critico la irresponsabilidad de algunos colegas capaces de publicar, incluso en titulares, que una compañía aérea permitió la salida de un avión averiado.
Una afirmación de esta gravedad -lo repito porque conviene no mezclar la angustia con la cordura- es comprensible en quienes atraviesan los peores momentos de su vida. No cabe, en cambio, en un profesional serio, obligado por una mera cuestión de responsabilidad a filtrar el material que llega a su mesa de redacción.
Tengo recopiladas por ahí algunas de las muchas tonterías que he oído o leído desde el miércoles. Una de ellas asegura que el piloto despegó contra su voluntad porque lo obligaron. ¿Sabe quien ha dicho eso las atribuciones que tiene, respecto al vuelo, el comandante de un avión? Una aeronave no se mueve ni un milímetro sin que lo decida el comandante. Un piloto, claro está, puede sentirse presionado por su compañía; sobre todo por una compañía que tiene previsto despedir a un tercio de su plantilla. Una medida que afectaría a sesenta de sus pilotos. ¿Arriesgaría un comandante, incluso en estas circunstancias, la vida de 170 pasajeros y tripulantes, además de la suya propia? O preguntado de otra forma, macabra pero real, ¿de qué sirve conservar un puesto de trabajo si uno ya no está vivo para ejercerlo?
En este momento procede dar un paso al límite y preguntar también quién presiona a las compañías. Cuestión que se responde simplemente con presenciar la que se arma en cualquier aeropuerto, sobre todo en un aeropuerto español, cada vez que una aerolínea retrasa un vuelo por imperativos técnicos. He sido testigo de un motín a bordo de un Jumbo de Iberia. Había nevado copiosamente en Madrid, y era necesario deshelar las alas y el fuselaje de los aviones antes de despegar. Los equipos de Barajas, poco habituados a situaciones de frío tan extremo, estaban al máximo de su capacidad y el avión se retrasó un par de horas en la pista. Motivo suficiente para que varios energúmenos intentaran linchar al comandante. Al final, hubo que volver al edificio terminal -ningún piloto se arriesga a volar en esas condiciones- y una espera inicial de dos o tres horas se alargó siete más. Con todo el humano respeto para un absolutamente justificable dolor, no perdamos la seriedad.
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