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ROGER

Los análisis de una tragedia

23/ago/08 01:56
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... Resulta que a veces los medios de comunicación somos algo bocazas. Cada vez que ocurre una tragedia similar al accidente que ha costado la vida a 153 pasajeros de un avión de la compañía Spanair, nos ponemos a prueba. Y no siempre salimos airosos de ella. Es cierto que podemos comprobar cómo en algunos programas de televisión se aprovechan del drama de las familias afectadas para llegar a las vísceras de su audiencia, para ganar adeptos del morbo y de la lágrima fácil. Y ciertamente eso es detestable. Hace escasos días, por ejemplo, el reportero de uno de estos espacios se erigía en protagonista de la noticia explicando a los televidentes su origen canario y cómo le dolía especialmente la noticia. Quiso ser la estrella por unos minutos. Y así no se hace el periodismo. También hemos asistido a cómo algunos profesionales preguntaban a los familiares de las víctimas -víctimas ellos también- a cuántos habían perdido. Una cuestión hecha en fila india, como si fueran simple mercancía. Así, cada uno relataba el número y su parentesco. Pero no parece que ese sensacionalismo facilón, por fácilmente identificable, sea peligroso. Es señal de escaso respeto, de nula educación o de poco sentido del buen gusto, pero no engaña a nadie. Minutos después de producirse la tragedia empezaron a trabajar los medios de comunicación. Y enseguida hubo comentaristas y columnistas que abordaron esta cuestión. La libertad de prensa, explicaron y defienden, ampara el derecho a la especulación.

... Y es en este punto en el que quizá convendría pararse a reflexionar sobre cómo se trata la información, cómo se cuenta y cómo se transmite. Un suceso como éste, en el que fallecen un centenar y medio de personas, provoca un aluvión de noticias durante días. También de especulaciones y de opiniones que se basan en un mayor o menor conocimiento de la cuestión. Pero lo cierto es que la investigación no ha acabado y durará meses. Y aventurarse en estos momentos a intentar dar en la clave de lo ocurrido puede ser un tremendo error. Un grave error que siembra dudas irreparables en empresas, profesionales e instituciones. Y quizá es ahí donde cabría hablar de los fallos del periodismo, que se ponen a prueba con cada tragedia. El error no está en la lágrima fácil, en el morbo. El tropezón está en los medios que construyen teorías y las llevan hasta el final. En la publicación de supuestas conexiones entre el brutal accidente y un conflicto laboral en ciernes. En acusar a la Administración de no hacer su trabajo. O en asegurar sin fundamento que esos aviones no sirven. Y ese error lo hemos cometido una vez más.

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