COLPISA/ EL DÍA, Madrid, Tfe.
"Jugar con niños y como niños". Así de sencilla y rotunda es la receta educativa de la escritora y diseñadora Yolanda Sáenz de Tejada y del pediatra y terapeuta del sueño Eduard Estivill, autores de un libro que se retrata en su título: "A jugar! Actividades para enseñar buenos hábitos a los niños". Una obra, aclaró la escritora, "para adultos, no para chavales", y que arranca con una auténtica declaración de principios: "Los besos nacieron para malgastarse".
La propia Sáenz de Tejada traduce ese derroche de cariño como "amor loco", uno de los ingredientes clave para las madres y los padres que aspiran a transmitir buenos hábitos de vida y de comportamiento a sus hijas e hijos. Aunque quizás el principal aderezo educativo sea la emoción, ese sentimiento de complicidad infantil que permite gritar, sin complejos de adulto y con una zanahoria a modo de corneta: "Tatatachán, mi niño se ha comida la sopa".
Porque "todos fuimos niños" -ser conscientes de ello es el tercer ingrediente-, "para enseñar hay que saber escuchar" y rememorar aquella infancia en la que "no nos comprendían, tampoco nos gustaba la verdura y vestirse era un tormento". Como dice la coautora onubense, "no somos infalibles, y nos equivocamos" -cuarto elemento de la receta-, pero eso hace a los progenitores más humanos y más cercanos para sus hijos y, por tanto, "más fuertes". Y la guinda es la planificación, esencial para crear expectativas que ayuden al disfrute infantil, porque, remacha, "la felicidad no es el destino, sino el camino".
En esa ruta feliz, apunta Estivill, el juego es un instrumento de "alto valor pedagógico".
El pediatra y neurofisiólogo barcelonés, que ya había explorado otros hábitos colaterales en sus investigaciones para enseñar a dormir a los niños, recalca que no basta con dar afecto y comodidades a los hijos. Educar es, ante todo, "transmitirles unos valores y hábitos que les den seguridad para crecer y madurar". Y eso, más que riñéndoles, se hace "hablando con ellos, pero también con nuestro ejemplo y a través de juegos" como los que el libro sugiere, cuya eficacia pedagógica ha sido ya probada con muchos niños y contrastada con profesionales que trabajan con ellos.
Imprescindible coherencia
Ni los chavales nacen enseñados, ni sus progenitores tienen un manual de instrucciones para hacerlo, insistió Estivill, que recomienda a padres y madres "una actitud segura y confiada".
Se necesita mucho trato personal, escuchar con paciencia y sin prisa a los hijos, tratar de comprenderlos y no perder los nervios, pase lo que pase.
Por una parte, sin incongruencias ni criterios diferentes que puedan confundir al pequeño. Por otra, sin ceder a "chillidos, lágrimas o pataletas, para que aprenda que las cosas no se obtienen así". Y, sobre todo, haciendo gala de total coherencia entre mensajes y comportamiento, porque "es muy fácil perder todo lo ganado si empezamos a hacer excepciones".
Pero no se trata de simple teoría. Yolanda Sáenz de Tejada y Eduard Estivill la hacen realidad en "46 juegos para enseñar buenos hábitos" en siete capítulos fundamentales de la vida infantil y adolescente: comida, conducta, higiene, comunicación, estudio, lectura y sueño. Se puede, por ejemplo, educar gastronómicamente con "la comida me da puntos" o fomentar la autodisciplina con un "no me como las uñas" lleno de complicidad; y marcar pautas solidarias con el reto positivo.
Y lo más importante, se puede favorecer la comunicación entre padres e hijos con juegos como "La familia al habla", que simboliza la esperanza que Sáenz de Tejada adelanta desde la introducción del libro: "Acercar los niños a los adultos; o al revés..."
Estas experiencias son muy enriquecedoras tanto para los hijos como para los padres, porque hay confianza, respeto y ayuda mutua para la mejora personal, que son los elementos esenciales de una amistad entrañable y para toda la vida. Es difícil ser amigo de los hijos sin dejar de ser padres, pero si se consigue es "bastante beneficioso", concluyeron los expertos.
Marcar la diferencia
"Que los padres sean padres", es según Emilio Calatayud, el Juez de Menores de Granada, uno de los ingredientes más importantes para lograr una buena educación, y lo que a su vez marca la diferencia.
Calatayud comentó hace unos meses que los padres tienen que ser padres y no colegas de sus hijos porque, "en caso contrario, el hijo queda huérfano". La relación entre padres e hijos se rige por deberes y derechos para ambos, al menos mientras los hijos permanezcan bajo la patria potestad de los padres, y "eso se ha olvidado".
En 30 años, "que en la historia de una sociedad no es nada, del padre autoritario preconstitucional se ha llegado al extremo opuesto, al padre dialogante y comprensivo con el hijo, que acaba cediendo. Total, que somos una generación perdida que ha pasado de esclavo de sus padres a esclavo de sus hijos", concluyó.
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