EFE, R. Internacional
La novela policiaca es, pese a la realidad sombría y a los hechos espeluznantes que a veces describe, la lectura por excelencia de los días de vacaciones, y es que, según los expertos, tiene la virtud de entretener, enganchar y también de aliviar angustias.
Lo que hace que, en regla general, la novela policiaca actúe como relajante es que "por muy horrible que sea lo que cuenta, uno sabe que siempre acabará bien, que se vencerá al mal y que todo volverá a estar en orden", según explicó Angela Esser, portavoz de Syndikat, la asociación de autores de este tipo de obras de lengua alemana.
"Una novela policiaca es una narración que crea un miedo que luego deberá aliviar", escribió Thomas Narcejac, uno de los componentes del dúo de autores Boileau-Narcejac.
Pero el relato debe mantener una distancia respecto al horror que describe porque este distanciamiento es lo que hace que muchas novelas policiacas, sobre todo las clásicas, puedan disfrutarse como un juego de enigmas.
El género tiene un fuerte componente lúdico y por ello cada vez son más numerosos los festivales dedicados a él, como la Semana Negra de Gijón en España, el Festival del Crimen de Múnich o las "crime parties" del mundo anglosajón, que incluyen a veces escenificaciones de asesinatos que hay que resolver.
Crítica social
La lectura de la novela policiaca y de sus variantes, la novela negra, la de espionaje y el thriller, resulta, por otra parte, más fácil de abordar y por ello es más propia de las vacaciones.
"Los periodos en que más se lee es en vacaciones, en lugares donde no hay otras distracciones como la televisión, o cuando vuelve el mal tiempo, pero en la playa no apetece leer el Fausto", explicó Esser.
No obstante, hace ya tiempo que la novela policiaca ha dejado de considerarse un arte menor y hoy día se ha convertido en uno de los mejores vehículos de análisis y crítica social.
Según una reciente encuesta sobre los lectores de novela negra de dos sociólogos franceses, Annie Collonald y Erik Neveu, que fue objeto de una reseña en Le Monde Diplomatique, "los lectores quieren historias de la vida real, del entorno social contemporáneo, que no encuentran en la novela blanca elitista y egocéntrica".
Las novelas negras, sobre todo las que se escriben hoy día en los países escandinavos, satisfacen "al lector naturalista que hoy encuentra en estas obras el reflejo del nuevo universo criminal: las mafias, la prostitución, la droga o la inseguridad", comentó Esser.
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