1.- El otro día les hablé del Plaza, el hotel neoyorquino más veces llevado al cine, y de su recientísima remodelación. Quiero seguir contando cosas de Nueva York. Estuve en el MOMA con motivo de la exposición del Dalí cinéfilo y del Dalí amigo de Buñuel . Y del Dalí inmensamente loco. Una delicia de muestra, muy visitada y muchos españoles ociosos en ella, admirando una vez más al genio. ¿Han comido en Smith and Wolensky? Dicen que allí se vende la mejor carne de América. Tienen vino propio. Yo doy fe de las bondades de este restaurante, al que no es la primera vez que acudo. Volví a subir al Empire State y a visitar la Estatua de la Libertad. He hecho fotos espectaculares. Una de ellas ocupará toda una pared de mi casa. A ver si hay alguien que logre ampliaciones de ese tamaño. Estuve en el Central Park, en calesa, sin obviar el edificio Dakota y el lugar exacto donde asesinaron a John Lennon . Es decir, esta vez -y es extraño en mí- me he comportado como un turista.
2.- El caballo que nos llevaba, un penco delicioso, cumplía uno de sus últimos trayectos. Le tocaban cuatro meses de descanso en una granja de Pensilvania. Qué bien. Al parque ya se puede ir hasta de noche: está lleno de policías, incluso por la zona limítrofe con Harlem, un barrio que ha resurgido hasta límites siderales. Clinton tiene sus oficinas en Harlem, por donde se puede pasear ya sin peligro alguno. Qué diferencia con el Harlem que yo conocí en 1972, que se enseñaba a los turistas como un polvorín. Se venden camisetas de Obama en Chinatown. La china de la esquina nos vendió bolsos, de imitación perfecta, llevándonos por sótanos tortuosos con dobles puertas. La policía ha apretado el cerco y deben ser más discretos.
3.- Exhibición policial por fuera del Plaza, con trailer de comunicaciones incluido. Qué poderío el de la Policía de Nueva York. Ellos dicen que cuentan con los mejores detectives del mundo. A la Policía la manda el alcalde (por delegación, un comisionado) y tienen sus agentes competencias en todo lo que no sea un delito federal, pues en ellos actúan los agentes del FBI. La Zona Cero (o Zero), qué tristeza. La vi desde el hall del edificio de American Express. No cobran nada por usar el mirador. Una pena de espectáculo. Todavía no han reconstruido la zona, que se encuentra en obras. Parece que los trabajos no arrancan del todo, porque se ha detectado la presencia de restos humanos en el gran solar afectado. Dios mío, tan cerca he estado de la tragedia que sólo viendo lo que quedó -nada- puede entenderse mejor la magnitud de lo ocurrido. Y, por tanto, odiar infinitamente a los terroristas y asesinos.
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