El carpetovetónico feo
"Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, circunstancias de donde surgen la usurpación y la tiranía". Estas palabras fueron pronunciadas por Simón Bolívar al convocar el Congreso de Angostura, el 15-02-1819. Palabras, sin duda, llenas de sentido común y visión política del futuro que habría de corresponder a los países que iban a surgir del imperio español en el Nuevo Mundo, tras los diversos procesos de independización que comenzaban a gestarse entonces.
Durante buena parte del siglo XX, especialmente a lo largo de la guerra fría, Washington fue muy criticado por la progresía occidental, dado el apoyo que prestaba a una serie de gobiernos dictatoriales, antidemocráticos y, generalmente, de corte militar, casi todos ellos en el Cono Sur del continente americano. Se trataba entonces de la misma progresía escorada a babor que hizo la vista gorda con el bloque antagonista en dicha guerra fría, liderado por el Kremlin, que venía siendo, si cabe, aún más totalitario y antidemocrático. Pero la memoria colectiva suele tender a la amnesia o es fácilmente manipulable, y para este último menester, los totalitarismos se pintan solos, como es fácil comprobar aún hoy día.
A finales de los 50 apareció una novela de dos autores norteamericanos titulada "The ugly american" -"El americano feo"- en la que criticaban ácidamente la arrogancia y prepotencia de la que hacían gala los diplomáticos y empresarios de la época en un país asiático imaginario, pero fácilmente ubicable ahora en función de los acontecimientos posteriores. Pues bien, según afirman o escriben en la red periodistas y comentaristas de diversa índole, en Hispanoamérica comienza a hablarse de lo que se podría definir como un correlato del mencionado "americano feo". Se trata del "español feo", en su variante carpetovetónica. Ello se debe, al parecer, a las connivencias de tipo político y económico que los sucesivos gobiernos españoles han venido manteniendo y mantienen con gobernantes de Hispanoamérica a quienes resultaría algo excesivo aplicarles el calificativo de demócratas o respetuosos con los derechos más elementales de sus gobernados.
El gobierno actual está haciendo exactamente lo que los progresistas del pasado siglo tanto criticaron al americano feo, que no es otra cosa que tratar consideradamente a dictaduras vergonzosas o a quienes se hallan en franco progreso hacia ellas. Así de sencillo, intentando favorecerlas en los foros internacionales y desoyendo las demandas de las víctimas. Se criticaba antes a Washington por tener buenos tratos con elementos como Somoza, Franco, Pinochet o Batista, y ahora resulta que Madrid hace tres cuartos de lo mismo con Castro o su fiel epígono Chávez, por no citar unos cuantos elementos más de su entorno doctrinal. Eso por no hablar de lo que está ocurriendo en el ámbito interior con el terrorismo o los separatismos más disolventes. En cuanto a lo de la milonga esa de la Alianza de Civilizaciones, curiosa mistificación que imagino producto de una ignorancia enciclopédica de la Historia, cuando no de un revanchismo irredento, me viene a la memoria una frase de Benjamín Franklin: "Los que están dispuestos a renunciar a la libertad para comprar un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad".
J. Lavín Alonso
Pobre y querido Santa Cruz
Que pena de Isla, sobre todo de Santa Cruz, tan llena de basura, paredes sucias y todas pintadas, jardines secos y sucios, contenedores llenos de basura sin fregar, muebles abandonados, calles sin fregar y asquerosamente sucias. Poque, que yo sepa, fregar no es pasar agua, hay que pasar jabón para limpiar.
Qué pasa con mis impuestos, sólo son para los políticos, Urbaser y jardineros, que ninguno cumple con su misión por lo que están cobrando. Y encima hay gente que dice que, si por todo multan, si multaran otro gallo nos cantaría. Pero no es verdad, no multan por nada, se puede hacer lo que se quiera. Si alguien, por casualidad, que es muy difícil que alguien intente limpiar, lo hace, la Policía le llama la atención. Esto sólo ocurre aquí. Por casualidad aún tenemos alcalde, no lo parece. Y en cuanto a las cacas de los perros, igual no se recogen y encima los meten en los jardines. A qué grado de incivismo hemos llegado. Por estas razones, y con todo el dolor de mi alma, me tengo que ir a otro país a vivir. Qué pena de Isla.
María del Carmen Pérez Trujillo
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