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PABLO PAZ

Inmersos en la trayectoria de la fatalidad

19/ago/08 01:48
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SIEMPRE se ha dicho, y los hechos vienen a demostrarlo, que cuando gobierna la izquierda termina arruinando al país; eso como mal menor; en otros casos, además, lo que termina arruinando es la propia democracia. Pero, al parecer, a la mayoría de nuestra sociedad esto no le importa demasiado: andan tranquilamente abanicándose en la cola del paro, mientras permanecen extasiados porque han conseguido, gracias a su voto visceral y puramente ideológico, mantener lejos del poder a quienes realmente les hubiera podido resolver su actual situación de incertidumbre y caos económico. Es un hecho, no una opinión, al menos en España, que cuando la derecha llega al poder, lo primero que tiene que hacer es ponerse a arreglar las cuentas públicas, comenzar a perseguir a los chorizos que se han llevado todo lo que han podido de las fundaciones públicas y de los Fondos Reservados; además de sanear, en lo posible, un Estado en ruinas, económica y políticamente hablando.

La izquierda siempre ha considerado la economía como una parte no demasiado esencial de la política. Para ella es más importante la difusión y la imposición de la moral y de la cultura de masas; ambos conceptos regulados por lo que ellos entienden como valores de izquierdas: la igualdad en la pobreza, el pacifismo siempre exigido a los demás, el relativismo moral, el anticlericalismo, la defensa del aborto y de la eutanasia como culto supremo a la cultura de la muerte, el estatalismo, el laicismo totalitario, la reeducación de las conciencias, el intervencionismo del Estado en todos los asuntos por lo que se rige la sociedad; así como la defensa de unas minorías que, a cambio de unas limosnas disfrazadas de derechos colectivos y de asaltos compulsivos al diccionario de la lengua, terminan presos de su potente maquinaria de difusión ideológica; la cual, por cierto, está en estos momentos inmersa en la ardua tarea de desplazar del debate político los catastróficos datos económicos que nos están indicando que estamos a las puertas de la recesión.

Hablan de justicia social como su principal logro cuando en realidad lo que están consiguiendo es que la mayoría de la sociedad -los que aún no se han hecho ricos- terminen dependientes del Estado. La caridad pública, que es en realidad lo que está generando esta izquierda, es la única que realmente crea dependencia. La mejor política social, por el contrario, es aquella que proporciona a los ciudadanos los medios y las herramientas idóneos para que cada cual dependa de sí mismo gracias a su esfuerzo, iniciativa y trabajo. Esto es lo que realmente genera confianza, empleo y productividad. Lo contrario es caer en una dependencia económica, ideológica y hasta personal.

Es a todas luces inmoral que un gobierno que dice defender a los trabajadores, intente siquiera hacer justicia social comprándoles a los promotores inmobiliarios, con dinero público, las viviendas ya construidas y que no tienen salida, en un intento descarado y descarnado e inmoral de "socializar las pérdidas de los más ricos"; esos mismos promotores que se han hecho de oro a costa de elevar los márgenes de beneficios hasta cotas deshonestas; incluidos la mayoría de los ayuntamientos, que son también, y en buena medida, responsables de lo que sucede al no tener reparos a la hora de encarecer el precio del suelo.

Si lo que quieren es hacer verdadera justicia social, que hagan lo posible por rebajar el precio del dinero; o, al menos, la repercusión directa que ello tiene en el devenir diario de las familias; disminuir los costes laborales y sociales de las empresas, su burocratización y desarrollo; los impuestos, el IRPF, el encarecimiento de las hipotecas, el control de la subida de los carburantes, el descontrol en la subida de los precios de los alimentos más básicos? El problema de los tipos de interés, independientemente de lo que marque el Banco Central Europeo, es una cuestión de confianza. El gobierno actual, antes incluso de las elecciones de marzo, sabía que en este año 2008 no habría superávit; pero insistía en lo contrario. Ahora, incluso el ministro Solbes, el mismo que nos llevó con el gobierno socialista de Felipe González al anterior desastre económico, insiste en vendernos la teoría de que el superávit no es un objetivo económico por sí mismo.

Ante esta estupidez, el gobierno está demostrando a todo el mundo que no sabe ni lo que dice y, aún menos, lo que hace en materia económica; por lo que los inversores extranjeros han comenzado a actuar en consecuencia. Tanto es así que en estos momentos, los mercados comienzan a exigir una prima de riesgo para poder invertir en España. Por otro lado, el mero hecho de que el presidente Zapatero que entiende de economía lo que yo de biodinámica, insista en no variar su sectaria y propagandística política social nos llevará, sin duda, a un mayor gasto público.

Entretanto, los empresarios bailándole el agua al gobierno sin atreverse a decir en público lo que en privado gritan de espanto. Los sindicatos, se supone que de clase, y con la que está cayendo, prefieren movilizarse para asistir a la manifestación del orgullo gay para sostenerle la pancarta al "bello" de Zerolo; la prensa adicta sigue tirando del botafumeiro, intentando de camino que el incienso lo pague el gobierno; los trabajadores, incluidos los que han votado al de la sonrisa de hielo, siguen haciéndole la ola en la cola del paro; paro que en España ha registrado en el mes de junio la subida más alta de toda la Comunidad Europea. Mientras, los bancos haciendo caja; Zapatero, peligrosísimo pirómano ideológico, contando patos en Doñana; la vicepresidenta, viajando por el mundo como Willy Fog, arreglando, por supuesto que a costa de todos los españoles, los desaguisados de los pequeños dictadores; y Solbes respondiendo a los que le preguntan sobre la crisis: ¿Crisis? ¿Qué crisis?

macost33@hotmail.com

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