PUDO ser fatal. Pero, afortunadamente, quedó en poco, por no decir en nada, para lo que pudo haber ocurrido. La víctima fue una niña de sólo cuatro años, que viajaba en el asiento delantero del coche que conducía su madre, de 43 años de edad. Ésta declaró a la Policía Local que circulaba por la calle de Heliodoro Rodríguez López de Santa Cruz y, al parecer, iba distraída cuando observó que la niña había abierto la puerta del automóvil y cayó a la calzada. Detuvo el coche, al que se aproximaban varias personas para atender a la pequeña, la cual sufrió sólo lesiones leves en la cara y las rodillas y fue atendida por el personal de una ambulancia. Una patrulla de la Policía se sorprendió con que varios conductores detuvieran sus vehículos y se acercaron a aquel del que cayó la niña para auxiliarla. La madre, entre tanto, se apeó de su coche y cogió en brazos a la criatura para introducirla de nuevo en el vehículo. Dijo que llevaba a la niña porque tenía que efectuar un recado urgente, y no tenía con quién dejarla en la casa.
Lo que resultó es que la señora progenitora tenía unas copas de más, como parece haberse comprobado por las Fuerzas de Seguridad, aunque la mujer sostuvo que solamente había tomado cervezas. Y este caso que, por suerte, ha quedado en un accidente de escasas consecuencias, pudo haber sido grave y su resultado de peores consecuencias, si la niña, que cayó a la calle con el coche en marcha, va éste seguido o se cruza con otros que pudieron haberla atropellado. La Policía puso el caso en conocimiento de la Fiscalía de Menores y del Área Municipal de Asuntos Sociales. Supongo, porque he escrito mucho sobre este y casos parecidos, que si el beodo hubiera sido un hombre, las numerosas asociaciones de féminas de estas islas y de parte del extranjero, oficiales, "amateurs" y privadas, pedirían para el causante del accidente una cadenita perpetua, porque la pena capital está abolida. O mandarlo a China, aprovechando los Juegos Olímpicos, para que allí lo torturen con el tormento de trincarle los "intestículos", que dice el mago, con la tapa de un baúl, que dicen que es el peor tormento. Y que se rumorea que lo van también a abolir por su crueldad. Eso lo digo porque me lo han contado unos cuantos amigos atletas que han estado en la actual Olimpiada. Que ya en China han pasado de moda los tormentos habituales de la gota de agua sobre la frente, entre dos y tres años, y la pisada en los callos, entre cincuenta o sesenta a la hora, que antes se llevaban mucho. Ya China no parece la misma.
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