... Entre los efectos de la crisis -camino de recesión- económica hay que incluir el continuo cruce de acusaciones de incapacidad para sacarnos de ella que existe entre los partidos en la oposición y en el Gobierno. Resulta ya empachoso oír tanto a cualquier dirigente del PP recitar desde hace meses la misma letanía de improperios contra los socialistas, como a estos últimos contestar con su consigna inamovible de que los populares no presentan ninguna alternativa. Por si fuera poco, el esquema se reproduce a escala canaria, es decir, entre nacionalistas, populares y socialistas de aquí también está al día eso de echar la culpa al contrario de lo que pasa y de no poner soluciones, cuando lo cierto es que ninguno de ellos tiene voz ni voto en la solución del problema.
... Lo peor de todo es que las medidas que se han anunciado para intentar que la economía remonte, incluso las que el PP dice que pondría en marcha, ni tienen calado suficiente ni llegan a tiempo para revertir una situación agravada por errores históricos y a merced de factores externos sobre los que no podemos influir, como son el precio del crudo y la desconfianza financiera a raíz del terremoto provocado por las hipotecas basura en EEUU. En estas situaciones, para decirlo con toda crudeza, a lugares como Canarias sólo les queda rezar para que los gobernantes nacionales y europeos acierten en las recetas y esperar a que lleguen sus efectos.
... Pero esto no significa que quienes gobiernan estas Islas no tengan responsabilidad alguna en lo que pasa. Para ser exactos, en que nos afecte menos. Por ejemplo, resistiendo mejor los embates del paro. No es que el Gobierno canario o el Cabildo de Tenerife tengan parte de culpa en que haya llegado esta crisis, no, pero sí que han dejado de hacer, o han hecho mal, su parte del trabajo y eso ahora se nota. Por ejemplo, no han sacado adelante un concurso de parques eólicos que, amén de crear algunos puestos de trabajo, hubiera rebajado la enorme dependencia canaria del petróleo. También ha habido tiempo más que suficiente para que a estas alturas se hubiera aprobado el planeamiento insular del territorio, lo cual habría despejado al potencial inversor las dudas sobre dónde abrir su negocio o construir su fábrica. Tampoco se ha hecho nada por abaratar un suelo industrial de los más caros de España. Y qué decir del plan de revitalización turística del Puerto de la Cruz, anunciado por Adán Martín y ahora de angustiosa urgencia. Esos son los pecados -algunos- y ahora viene la dolorosa penitencia.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD