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COMENTARIO INTERNACIONAL ENRIQUE VÁZQUEZ

La posición de Moscú

15/ago/08 03:12
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HAY DESDE AYER fuertes indicios de que la Federación Rusa parece estar considerando la pura y simple absorción de Osetia del Sur (que se uniría a la República federada de Osetia del Norte) y de Abjasia, territorios bajo soberanía formal de Georgia. El jueves, en el plazo de un par de horas, la agencia rusa Interfax difundió despachos que parecen categóricos al respecto: el presidente de la federación, Dimitri Médvvedev, dijo a los líderes de ambos territorios a quienes recibió en el Kremlin, que Rusia "respaldará y garantizará" toda decisión que puedan tomar y el ministro de Exteriores, Seguei Lavrov, dijo que hay que "ir olvidando el asunto de la integridad territorial de Georgia".

No sería una sorpresa si el precedente de Kosovo es invocado más pronto que tarde. El territorio de ese nombre, jurídicamente parte de Serbia, como Abjasia y Osetia-Sur lo son del Estado georgiano, accedió a la independencia, como deseaba el noventa por ciento de sus habitantes, musulmanes, y la consiguió con un apoyo fuerte de los Estados Unidos, que lo consiguió también por parte de la mayoría de los Estados de la UE (aunque no de todos, entre ellos España).

El caso ruso, que recurriría a idéntica argumentación (el deseo reiterado de la población, culturalmente diferenciada y desubicada en el paradigma georgiano) puede ser, curiosamente, más fácil porque Kosovo se convirtió en un Estado independiente, que entrará en la ONU y abrirá embajadas, lo que no será necesario en el Cáucaso, donde la gente (unas ciento cincuenta mil personas en total) y la superficie (doce mil seiscientos kilómetros cuadrados) se integrarán de un modo u otro en la gran Federación.

Así pues, los gobiernos no tendrían que adoptar la siempre difícil decisión de no reconocer a un Estado nuevo cuyos creadores se sienten legitimados. Es verdad que los Estados Unidos, que en el día de ayer presentaban a sus socios una serie de medidas de castigo a Moscú, podrían romper sus relaciones con Rusia. Pero, sin embargo, es poco probable que lleguen a tal extremo porque, entre otras cosas, al revés de lo sucedido en Kosovo, nadie tendrá que elegir y, desde luego, a priori, es poco verosímil que Alemania o Francia (países que sí se mojaron en la aventura nacional kosovar) se lo planteen siquiera. Es la hora de la cruda "realpolitik".

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